La poesia y los días

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La escritura hija de los días. La que inventa al día, le da sentido y sustento y la que los días crean a su imagen y semejanza. Toda imagen que conmueva, que desordene los sentidos y sea capaz de convocar al desasosiego, al diálogo interior que es justificación de todo autor. La palabra que sobrevive, y en consecuencia, se distingue de la otra endeble, que cae al piso como hojas desmayadas. Posiblemente tendrá cabida otra tentativa: La que no provine de la experiencia personal; sino de la que se hace colectiva, nos elige de morada pero que nosotros no vivimos y llega como un eco de otro tiempo.

Ese será el acento de esta escritura, de allí su virtud y tragedia. No defenderemos ni una ni otra.

Frente a lo cotidiano y su contrario, habita el asombro; en este caso, la palabra que está por escribirse. No fumamos de lo concluido...

APUNTES IDEAS EJERCICIOS Y CRÓNICA DEL MÁS LARGO VIAJE DE LA UTOPÍA

viernes, 17 de septiembre de 2021

Isla de Los Achaguas, Olvido y Desolvido X

Barinas. Plaza Bolívar (2021).
De esta ciudad inició Bolívar
 la persecución del ejército del rey.
Foto Alfredo Ramos.

CARABOBO V

TODAS LAS VOCES. TODAS LAS CIFRAS

TODOS LOS MOVIMIENTOS

LA OPERACIÓN ENVOLVENTE

LA ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO

LA CADENA DE MANDO

EL CENTRO DEL MAPA DE LA BATALLA

DECISIONES. VITUALLAMIENTO. MITOS

(Crónica)

                                                                     Miguel Pérez

La identidad universal del hombre

¡Vamos a lo concreto!

—Te he oído comentar

que la historia regional

no puede plantearse

como una aldea distinta

impermeable

al pedazo de tierra inmediata

a la que se pertenece

porque ese sería

el mismo error que acecha

al ocuparse del árbol sin ver el bosque

—Te he visto disputar con tus amigos

las dudas que abrigas sobre los tratados

de las historias nacionales

—te he escuchado defender

la tesis

de la identidad universal del hombre

y regocijado te he escuchado

citar de memoria a José Martí

en los botiquines

en los bares

más afamados

de San Carlos

—Cree el aldeano vanidoso

que el mundo entero es su aldea,

y con tal que él quede de alcalde,

o le mortifique al rival que le quitó la novia,

o le crezcan en la alcancías los ahorros,

ya da por bueno el orden universal,

sin saber de los gigantes

que llevan siete leguas en las botas

y le pueden poner la bota encima,

ni de la pelea de los cometas en el cielo,

que van por el aire dormidos

 engullendo mundos.

 

Y alborozado te oído sentenciar

—Lo que quede de aldea

 en América

ha de despertar…

 

y sin terminar de colocar el punto

enseguida subrayas con una carcajada

—…las armas del juicio, que vencen a las otras

 

y te he oído gritar

en momentos

de embriagadora lucidez

que los hombres

es esa máscara

de esa creatura única

tan perversa que es el hombre

y que en definitiva los hombres

serán siempre esa expresión

de minusvalía del hombre

con el que hombre evita esconder

todo su potencial diabólico

y propaga la especie

que unos son buenos

y los otros malos

o como decía Sartre,

 —El diablo es el otro

 

y te he oído repetir

que seis

 son

los historiadores nuestros

que han analizado

el mapa nacional,

—unos

con más métodos

que otros,

y te oído decir que el siglo XIX

nos legó las historias

de González Guinán

y de Gil Fortoul

mientras en el siglo XX

lo hicieron Brito Figueroa

Guillermo Morón

Juan Bautista Fuenmayor

y Arturo Cardozo…

 

y has pedido una estatua

para el que tú llamas diablo dublinés

por el excelente acopio

de la papelería de Bolívar

y te he oído tildar de héroes

a la dupla que hizo posible

la Colección Blanco y Azpúrua

 

y te has mostrado muy satisfecho

del despliegue de los estudios regionales

que con mayor turbulencia

se manifestaron desde los años ochenta

pero te has quejado

del contexto de isla

en el que por lo general

se han situado esos estudios

 

pero más acá de esa carencia

has dicho que con el material

cuajado en los últimos 50 años

están las bases

de una mejor compresión

de la desenvoltura del país

 

creo entonces inútil

toda tentativa de una proyección

de la batalla de Carabobo 

como quien emula

comprender un brazo

separado de su tronco

 

La más brillante de todas las campañas

Entender a Carabobo

es entender la batalla

de la magistral campaña de 1821

tal vez la más brillante de todas

de las emprendidas por Bolívar

ya convertido en esa especie de sol

que multiplicado en órdenes

ya sus rayos desde sur

de la República

 en construcción

de Colombia

asomaban sobre Quito con la fuerza

del sueño que preside a la aurora

y desde Bogotá hasta la Angostura

y más allá, separado del enemigo

por esa serpiente

de escamas reverberantes

que es el Apure

 o el Santo Domingo

 o el Boconó

concretamente bajo ese corte de río

que situaba al país trasnochado

de Barinas hacia abajo

y desde Cúcuta hasta la capital del Orinoco

frente al ejército del Rey apostado a lo largo

del centro del país

desde Guanare hasta Calabozo

y desde esta línea hacia el mar Caribe

debilitado el occidente

por la incorporación de Maracaibo

 a las filas patriotas

y con capacidad de movimiento

el ejército libertador

de trasladarse del Oriente hasta Caracas

al tiempo que Bolívar se mueve

de los Andes hacia Barinas

y luego hasta el Apure

y de nuevo en Barinas

a la espera del estallido

 de la guerra…

 

Y en primer lugar, este otro intento

de tomar el cielo con las manos

casi no puede comprenderse

sin desandar los tres nudos

del soporte en el que radica

—a juicio de Guillermo Morón—

lo magistral de esa campaña

siendo estos tres nudos o pilares

unidad, estrategia y organización

pero enseguida tú vas a salir

con aquello

Estrategia es política.

y tal como te he visto

enarbolar la premisa

En la carrera de la política

habría de negarse la entrada

a los que desconocen

los rudimentos de la política

 

pero sé que tú apuntas con ello

a nuestra legión de Heródoto

que bien pueden confundirse

con los lectores de la Gaceta Hípica 

por el manejo del dato

por el hallazgo del dato

y nada más

porque siempre resultan perdedores

como perdedora ha sido nuestras historias

frente a la política

 

y la política es esa parte de esa estrategia

que se impone sobre la concurrencia

 de otras estrategias

de algún modo perfilada por el látigo

de la estrategia contraria

ello implica capacidad correcta de la realidad

lo sinuosos y atajo del contexto geográfico

y la voluntad de hombres y mujeres

y por otro lado capacidad de llevar

al otro a morir en el campo de batalla

en la conquista de la gloria

y el fin de sus miserias terrenales

capacidad de obtener del hombre corriente

el soldado apto que necesita la guerra

capacidad de darle de comer a este hombre

y capacidad de armar a este hombre.

 

Esa es la primera condición primordial

que cualquier árbol de la historia

reclama en la reconstrucción de su lectura

Carabobo es el saldo de oro

de la política de ese tercer período histórico

que así caracterizó Bolívar

y que si tomamos la palabra

al general Pablo Morillo

arrancó con la expedición

que formó  Bolívar

en los Cayos de S. Luis,

y que tuvo su punto cumbre

en el congreso de Angostura,

secundado por el de Cúcuta.

Bien pudiera concebirse entonces

que Carabobo es el fruto

de la política más extraordinaria

en ese jalón de nuestra historia

de 1810 hasta la batalla

del Lago de Maracaibo,

en la que desempeñó un papel

no certeramente reconocido

 y menos evaluado

el prócer Manuel Manrique,

muerto a los pocos días de la batalla

sin saberse a ciencia cierta

la causa de su muerte.

 

la unidad y la organización

la ponen de manifiesto

la existencia

 de un centro único de dirección

muy bien articulado.

Cada movimiento que siguen Soublette y Bermúdez

o el que cumplió Urdaneta de Maracaibo a Coro

o el de Carrillo desde Trujillo

y el del Páez que arrancó en Achaguas

o la irrupción de Plaza en Guanare

 es la ejecución

de un libreto que forman

la integración de las comunicaciones

de Bolívar con sus tenientes

de la que depende que el  plan se mueva

avance

 reste territorio a la monarquía

conquiste nuevas voluntades

persuada en cuanto a la superioridad

de la República sobre la Monarquía.

desgaste al enemigo

 lo ponga a concebir lo que no es

cimiente la ambición

de las voluntades conscientes

sobre la cancelación mínima

de las aspiraciones 

del otro sector menos conscientes

que es el grueso del censo de los hombres

y es la voluntad que tiene la última palabra.

—Del Discurso de Angostura

a la Constitución de Cúcuta

está el génesis

                (todas las ambiciones en juego)

y el punto real de la política

está la política victoriosa

que las armas van a sostener

 

Entre otros está de moda

—entonces—

el trueque de cambiar

la monarquía por la República

y Francia que era una especie

de laboratorio para la política

vienen soltando esa predilección

de mirar hacia el lugar que no existe

Francia ha visto naufragar

el genio militar

que la hazaña heroica

 sin el componente de una política hegemónica

no es nada

sin el amparo

de una visión política

que haga imbatible sus cuatro fronteras

más en la aurora de la nueva circunstancia

que ponía fin a las relaciones feudales

entre hombres y naciones.

 

 —En 1821 “todos” están deseosos en arribar

a un puerto común mínimo

pero del que cada quien

prevé partir hacia nuevos destinos

¡Esto! más que sentencias de los documentos

es dictamen del accionar

que explica el descarte

de las propuestas de Bolívar

en los congresos de Angostura y de Cúcuta

y de finalmente su proscripción de Venezuela

y el desmembramiento de Colombia.

 

entonces tenemos

que Carabobo es obra del colapso del armisticio

el armisticio atendía a dos direcciones

Bolívar aprovechó al máximo la suya

el que se sentó a la mesa de la paz

lo hizo bajo el propósito

de obtener lo que las armas

hasta ese momento le negaban

el reconocimiento de España

de la independencia de Colombia

pero entiéndase bien, la Colombia

que es hija del Congreso de Angostura

y que ratificó el Congreso de Cúcuta

no debe confundirse

con el proyecto cismático

que a partir

del 10 de noviembre

de 1830

instituyó a la República de la Nueva Granada

y no es sino hasta 1861

con la victoriosa Revolución

que acaudilló el General

Tomás Cipriano de Mosquera

que a esta república nacida en 1830

se le dio el nombre

de Estados Unidos de Colombia

y no sé con exactitud si un poco antes

o a partir de 1909

se refundó con el titulo

de República de Colombia…

¡Esto por lo general se omite!

¡Y este nos sitúa que después de muerto

el odio contra Bolívar

 no amainó

 inmediatamente!

 

entonces es necesario observar

que para Bolívar

la paz no era sino el instrumento

de hacer realidad el grito rebelde de 1810

pero la guerra fue la que abrió

ese boquete de esperanza

de transformar las balas

en palabras libertarias.

En llevar a la diplomacia

el campo de batalla

en demostrarle al mundo

que así como se sabía pelear

 en el campo de batalla

también se sabía pelear

desde los intersticios de la política.

 

pero ese receso de la guerra

que impuso el descarte

del martirio y el vulgar crimen

de la guerra a muerte

no puede estimarse por separado

de la circunstancia política

que sacudía a la península

y que benefició su curso

—el fin de la monarquía absoluta

que se convirtió en monarquía constitucional

y creyó posible cancelar la insubordinación

de las colonias en la América española

con el ingreso de los independentistas

más connotados

en las instituciones del poder rejuvenecido

(Guerra a muerte que no inició Bolívar

sino que fue la respuesta a la Guerra a Muerte

que venía aplicando la monarquía en Venezuela

desde el inicio de los primeros tiros de la guerra)

 

hay un hecho colateral

que no puede dejarse de observar

—Carabobo le dio a Páez

el último grado

con el que sueña el soldado

desde que ingresa al ejército

pero le dio a Venezuela

 el prestigio que necesitaba

el hombre-custodio

del proyecto liberal ortodoxo

en marcha desde 1811.

A Bolívar le permitió

fundar en el Alto Perú

a su hija predilecta.

y hay un nudo de la historia

muy mal concebido y explicado

y es el craso error en que caen

políticos e historiadores nuestros

al analizar el naufragio político de Bolívar

echando mando de las actitudes

o conductas de los hombres

de los fenómenos de la superestructura

sin tomar el cuenta el dictado

de la otra esfera que sostiene a la anterior

y es el caso entonces

de la respuesta que adeudan

que si bien Bolívar consiguió conducir

el complejo cuadro social que le permitió

liberar a las colonias españolas

desde la costa del mar Caribe

hasta el Alto Perú

—¿Por qué no fue capaz de forjar

el consenso necesario en el logro

de su proyecto de República

vislumbrado

en el Discurso de Angostura

o del otro sugerido

en el proyecto de Constitución de Bolivia?

En uno encontró con quien…

En el otro ¡No!

 

El problema de las fuentes

En el siglo XX en alguna

de sus monumentales entrevistas

vimos a Fidel quejarse de la actitud

de sus cuadros combatientes

que a la ahora de rememorar

o de contar la epopeya de la Sierra Maestra

a Fidel le disgustaba el hecho

que el desconocimiento

 de la táctica y la estrategia

pasos, acciones y movimientos

subordinados a las anteriores

adquiriera el vestido de la tilde heroica.

—¡Por supuesto mucho más lamentable

que después de tantos años transcurridos

aquellos protagonistas siguieran

sin comprender lo que estaba

por detrás de las ordenes que recibían.

que fracasaran en el intento

de llevar a la letra el poema

que escribían

en las laderas de la Sierra Maestra .

 

¡Bolívar pudo decir lo mismo

de sus tenientes!

—Permítame un paréntesis

la explicación que ofrece Páez

en la ocasión en la que —estuve yo

a pique de no sobrevivir a la victoria,

—acometido repentinamente

de aquel terrible ataque

que me privaba del sentido

—Todavía estoy por saber

el motivo que moviera a Martínez…

 

pero que desconociendo

este resorte

Páez no se priva de tildar

a la acción ejecutada por Martínez

de acto inesperado y providencial

añadiendo un componente étnico

como quien no quiere la cosa

—Él era llanero de Calabozo

pero además refiere Páez

—comandante Antonio Martínez,

de la caballería de Morales…

lo que quiere decir

que venía desde los días de Boves

 

Sobre esto podemos adelantar

dos observaciones

—O estaban asqueados del crimen

a estas alturas de la guerra

o aquello era fruto de la adopción

del Tratado firmado en Trujillo…

 

¡Pero más lamentable

que la afirmación de Páez

es la conducta

de un lector

que en el siglo XX o XXI

asuma desde un ángulo pasivo

semejante aserto.

 

Por el asomo de Páez

y ese mal que lo aquejaba

de adueñarse

de las grandes iniciativas

—y tampoco luce descabellado

y además poco importa

si la idea provenía de él

o era de Bolívar

pues en el ambiente flotaba

desde 1820

un plan escrito

que prolongando lo más que pudiera

el armisticio, tendríamos tiempo

y enumera Páez

en el orden

 de las ganancias

—disciplinar bien nuestras tropas,

—recibir armamentos

—organizar un ejército

de reserva

en la Nueva Granada

y conservar así este territorio,

cuya posesión parecía depender del éxito

de una sola batalla

—pues —puntualizaba Páez

—los patriotas lo perdieron

sólo

con la derrota de sus tropas en Cachirí,

y los españoles

en la que sufrieron en Boyacá.

 

en este orden de especulaciones,

no ha faltado quien le acredite

al general Sucre la autoría

del plan de la Campaña de 1821.

Y en este afán

de colocar la tilde correctamente

Vicente Lecuna

en Crónica razonada de las guerras de Bolívar

sostiene que Bolívar llegó a Bogotá el 5 de enero

y —El 7 o el 8 dictó a Briceño Méndez,

y a Sucre

el plan ocasional,

de varias líneas de operaciones,

para la campaña de Venezuela…

pero —sin tomar… ninguna resolución sobre él.

 

Los días en Bogotá

Detrás de este movimiento de Bolívar

que como se sabe Bolívar

vino de Barinas a Bogotá

y todos sus movimientos gozan del resguardo

o auspicio del armisticio

está el imperativo de la lógica

que a esta hora mueve todos sus pasos

y que Lecuna engloba en este enunciado

—Grandes proyectos

 y esperanzas incitaban a Bolívar

a marchar a Popayán a saber:

reforzar el ejército del Sur,

abrir y estrechar relaciones

con las repúblicas

del Perú

y Chile

y combinar operaciones militares,

para libertar los países

todavía ocupados por los españoles.

Atribuyendo Lecuna

que —El creía posible poner las bases

de estas empresas

antes de renovarse las hostilidades.

 

El efectivo limitado…

No puede omitirse de los planes

dictados a Sucre y a Briceño Méndez

el principal desafío que debía atender

y que lo determinaba

y que está relacionado

con lo que Lecuna define

su efectivo limitado

puesto al desnudo

por —los escasos recursos

y la débil densidad de población del país.

En este sentido no dejará

de colocar Lecuna el dedo

sobre la llaga de —la pobreza

de las tropas

 independientes

acompañada de la observación,

que es necesario a cada paso

 —recordar su indigencia,

pues solo teniendo

presente

el fenómeno económico,

se explican los de la guerra.

Y en consideración de este grave problema

con el que debe lidiar Bolívar,

Lecuna presenta el inventario concreto

que en pie de guerra se conservaban

—La Guardia,

formada  y atendida

personalmente

por el Libertador,

y el ejército de Apure,

regido por Páez.

y que de cuando en cuando

La primera

 recibía ganados de Apure,

—las contribuciones

de Pamplona,

el Socorro

y Tunja,

administradas

directamente por Bolívar,

hasta principios de 1821,

y algunas remesas

de dinero

del Vice-Presidente Santander;

y el segundo disponía

de carnes y caballos

en abundancia,

de escasos socorros

enviados

por el Vice-Presidente Soublette

y unos cuantos de Cundinamarca. 

Observando en otro orden o renglón

—Bien dirigidos y bien mantenido

ambos cuerpos

adquirieron disciplina y cohesión.

En cambio el ejército del Sur,

era muy débil

y el de Oriente para subsistir

se había diseminado.

Lecuna deja constancia

que al —ejército de Apure,

en las instrucciones

era  llamado de Occidente

De allí entonces

y según la exposición de Lecuna

—Por no alcanzar los recursos disponibles

para llevar el ejército reunido

 contra el enemigo,

el Libertador exigió

                               con anticipación

al jefe de Apure,

el 11 de diciembre,

empotrerar 10.000 reses

para la campaña,

además

de los ganados

pedidos

para el consumo

durante el armisticio…

y que —Páez, desesperado por el encargo,

le planteó esta disyuntiva,

                                               o se conservaban

los caballos mansos

                                               para reemplazos

en las operaciones activas,

o se destinaban

a coger ganados,

cada vez más indómitos,

por falta de trabajo regular;

y para esto requeríase

sacrificar hombres y caballos.

Y es circunscrito a este cuadro

que Lecuna pide comprender

las instrucciones que Bolívar

—dictó a Briceño Méndez y a Sucre

sobre —la próxima campaña,

partiendo de la base

de no poder vencer

tan gran inconveniente.

Y en las cuales además aprecia Lecuna

—En ellas proyectó el avance

de las tropas

en varias líneas de operaciones,

bajo la dirección del genera Urdaneta,

mientras él marchaba al Cauca…

añadiendo que —Bolívar pensaba

regresar a Barinas en el mes de abril,

a la apertura de la campaña,

 pero que —en previsión de llegar tarde,

encomendaba el mando superior

al expresado general.

Un primer hecho que agita

el viento favorable del plan de Bolívar

data del 9 de Octubre de 1820

con la declaratoria de Guayaquil

de estado independiente

y el otro el pronunciamiento

 de Maracaibo

por la independencia el 29 de enero.

 

Pero antes es estrictamente necesario

ocuparse de la campaña de 1821

que tenía de escenario al antiguo territorio

de la capitanía general de Venezuela

en el contexto de los diez años de guerra

y de los cambios políticos que secunden a España

 

El plan definitivo de última hora

Además del gran inconveniente

del problema económico

que Bolívar debe encarar

(la indigencia del ejército libertador

que a cada paso debemos recordar)

el plan de la campaña

básicamente estaba compelido a atacar

la —posición central

en poder del enemigo.

A moverlos de sus posiciones

y atraerlos a posiciones

más favorables para los atacantes,

a la par de conseguir

el mayor desprendimiento de sus tropas

del cuartel general realista

y llegar a la acción decisiva

con el menor número de sus tropas

y lo más debilitado posible en lo moral.

Por lo que entonces

desde posiciones excéntricas

todas las líneas de operaciones

del Ejército Libertador

estaban obligadas a entrar

en correspondencia inicial

con —la diseminación

de las fuerzas enemigas

en otras tantas divisiones,

una en Guanare y San Carlos,

otra en Calabozo y otra en Caracas…  

sin olvidar que el general español

tenía por encargo especial de la Corte

cubrir perfectamente a Puerto Cabello,

cuya plaza debía conservar a toda costa.

por lo que no se puede dejar de mencionar

los puntos de Yaracuy, Coro y Cumaná

previendo dicho plan

la concentración segura

de todos los ejércitos

en un punto que primero

se fijó en Mijagual,

y luego en —el Jobo,

también

a la derecha del Boconó,

poco más debajo de Mijagual,

por prestar la vía del Jobo,

según indicación de Páez,

más facilidad al tránsito

de ganados y caballos.

pero que al final

el propio desarrollo

de la Campaña

decretó que fuera la ciudad de San Carlos.

Estas líneas de operaciones,

una la encabeza Bolívar

que sale en persecución desde Barinas

del Cuartel General Realista.

La otra Soublette y Bermúdez

que arrancando del Oriente

debe tomar a Caracas.

Páez deben salir de Achaguas

y unirse a las tropas de Bolívar.

Urdaneta debe garantizar

la limpieza de Maracaibo y Coro

y luego integrarse al cuartel general.

Y por último

 la labor de distracción

del coronel Carrillo

sobre Yaracuy y Puerto Cabello

con tan magníficos resultados.

Este es en definitiva el plan

que Bolívar adopta

en el último momento

después de manejar otras alternativas

y es el plan

que le permite vencer en Carabobo.

Y de este plan va a decir Lecuna

ubicado frente

a las dificultades

que rodean a Bolívar

que es una —Solución admirable,

sencilla en su forma,

de ejecución difícil,

pero ajustada

 a los principios de concentración,

fundamentales del arte de la guerra.

Sin dejar de añadir

que —El conjunto de operaciones

 realizadas para obtener este resultado

 es una de las obras

más gloriosas de su vida militar.

 

Y es muy complicado definir qué operación

de este plan es más vital que la otra.

Si depende de la reunión con Páez;

no menos trascendente para la victoria

son las operaciones de distracción

sobre Caracas y Puerto Cabello

Lecuna promueve

dos comentarios de Bolívar

que apuntan hacia este norte.

 

En carta fechada en Barinas,

 del 13 de abril

le dice a Páez que

 —“Realizada felizmente

 la incorporación en Mijagual

se habría dado el paso

más importante

para terminar

 la campaña

ventajosamente” .

pero el 6 de mayo

y también desde Barinas

le dice a Soublette

que —“El suceso de la campaña

va a depender de las operaciones

 del ejército de Oriente.

Si ocupa pronto a Caracas,

nuestra victoria es cierta”.

 

Viene volando hacia los llanos

Comencemos por el itinerario

que marcan los pasos de Bolívar

en los meses que desembocan

en el rompimiento del armisticio.

Viene de Bogotá

 y en relación al ejército del sur

la decisión más trascendente

de esta estada bogotana

queda recogida en la frase

—y no queriendo Bolívar

abandonar sus miras

sobre Quito,

encargó a Sucre

 de ponerlas en práctica…

O’Leary atestigua

que —se puso en marcha

para el norte á principios de Febrero.

y Lecuna brinda la noticia

que  ya De regreso a Venezuela,

por los valles de Sogamoso,

Pamplona

y Cúcuta…

en relación a las múltiples disposiciones

que dio

tanto para Cundinamarca

 como para Venezuela…

del conjunto invocado por Lecuna

es de invocarse aquí

la —orden a Páez

de suspender

el comercio de Apure

con el territorio realista,

ventajoso a los españoles,

si éstos no derogaban

la prohibición

de llevar

relaciones comerciales

 con la provincia de Trujillo…

las —medidas sobre recolección

de ganados en Casanare,

y por último

orden a Soublette

de cortar

las intrigas

de los adictos

a Mariño

en el Oriente,

e invitar a este general

a dirigirse

al cuartel general,

y en caso de resistencia

 remitirlo preso,

para ahorrarse

el dolor

de castigar

conforme

a la ley

 a un notable servidor

de la patria.

O’Leary por su parte refiere

que —Antes de llegar á Cúcuta,

supo Bolívar del pronunciamiento

de Maracaibo

y de la solicitud

de auxilio

a las tropas colombianas

en el sostenimiento de dicho pronunciamiento.

Entre otros O’Leary no deja de comentar

que viene Bolívar del sur  

después de sustituir á Valdés

del mando del ejército

y de la dirección de los negocios en el sur

con el nombramiento de Antonio José de Sucre

y que antes la protesta de La Torre

por la incursión militar en Maracaibo

del teniente coronel Las Heras.

Pérez Vila en la cronología inserta

en Simón Bolívar. Doctrina del Libertador

expresa que el 19 de febrero

 en Cúcuta

Bolívar —Sostiene ante La Torre

el derecho de Colombia de retener Maracaibo.

Lecuna promueve dos paralelas

 sobre el reclamo de La Torre.

Expresa que Bolívar

—adujo razones ingeniosas pero sofísticas.

Y a modo de alerta

dirá de la reacción de Maracaibo

—se pronunciaron el 28 de enero

por la independencia,

con gran contentamiento general.

Sin duda la revolución —continúa Lecuna,

fue tramada de acuerdo con el general Urdaneta.

Y en verdad la actitud de Urdaneta

era de absoluta defensa de ese cobijo.

Según O’Leary —Urdaneta sostenía,

 que siendo legal admitir un desertor,

Maracaibo que lo era en mayor escala,

tenía el mismo derecho á ser protegida.

 

Lecuna ubica a Bolívar en Mérida,

—El 26 de febrero.

y sintetiza en una frase

el desempeño del Bolívar del 1821

—su acción se hacía sentir

desde Guayaquil hasta Maturín.

Bolívar viene volando hacia los llanos.

hacia la que Lecuna decreta

 —Barinas, capital de los llanos…

Sabemos que el 5 de marzo,

Bolívar está en Trujillo

y desde aquí le escribe a Páez

—“No es posible conseguir medios

para sostener el ejército

sino en Barinas,

confiando en los ganados de Apure

y en la actividad y celo de V.S.

Cúcuta, Mérida y Trujillo

están arruinadas,

y expuestas a ser desamparadas

por sus habitantes,

huyendo del hambre.

Será un milagro

                               que puedan

 mantener

los hospitales

y las partidas fuertes

que se dejan

en observación

de los españoles”.

Junto con la evacuación de la anterior

Lecuna añade a la lista de las dificultades

que debía encarar Bolívar otra no menos grave

—La dolorosa medida de arrostrar

 la malaria en los llanos era inevitable…

Y de acuerdo con Lecuna,

uno está obligado a observar

al Bolívar sometido a un constante

o indetenible proceso de aprendizaje

que así como abreva en los mejores

autores de su época,

no descarta el saber popular

el empirismo de los pueblos

pues ante la amenaza de la calentura

decide con respecto a sus tropas

—darles todos los días

al amanecer

un poco de aguardiente quinado,

como lo preparaban

en la hacienda la Calavera,

para preservarse de la calentura…

 

A esta hora, convencido

de lo infructuoso de la paz

en cuanto al reconocimiento de España

de la República de Colombia

y apremiado por el dilema

 que expuso ante La Torre

—Entre el éxito siempre dudoso

 de una campaña

 y el sacrificio del ejército

 por la peste y el hambre,

dejándolo inactivo, era imposible vacilar.  

Y como sostiene Lecuna

—debía denunciar

el armisticio

de acuerdo con el artículo 12 del tratado,

y así lo participó a La Torre

desde Trujillo, el 10 de marzo,

y a los Vice-Presidentes

de Cundinamarca

y Venezuela,

el día 11, ya en viaje para Barinas…

Es de observar que Lecuna

declara lo mismo que O’Leary .

— El 10 de marzo Bolívar le escribe a La Torre

 anunciando el rompimiento de hostilidades

y La Torre contestó que el 28 de Abril

cesaría la tregua de acuerdo con el Tratado

porque ni él ni los comisionados españoles

estaban autorizados á reconocer la independencia…

O’Leary no omite que —El Libertador

ordenó entonces

al coronel Plaza,

preparase cuarteles en la ciudad de Barinas

para el cuerpo de su mando,

aunque por un articulo

 expreso del tratado

no podía esta ciudad

ser ocupada

 sino por un comandante

y un piquete de veinticinco milicianos.

 

Lecuna refiere que

—Al llegar Bolívar a la ciudad de Boconó,

… supo “con desesperación”

el peligro

de la brigada de la Guardia

expuesta

a disolverse por falta de ganados.

En tal extremo

envió

en comisión

a los llanos de Apure

al general Guerrero,

antiguo segundo de Páez,

y al coronel Gómez,

uno de los más sólidos tenientes

de este jefe,

a embargar y remitir a Barinas

cuantos ganados encontraran,

sin atender

ni a la calidad

ni a quienes

fueran sus dueños,

y al mismo tiempo

estimulaba 

al jefe de Apure

a cumplir órdenes

anteriores

pertinentes

al caso.

Y por conducto del secretario

le recordará a Páez

que —“No ha habido

 una sola comunicación

de este ministerio a V.S.

desde que se celebró el armisticio,

en que no se le haya hablado,

repetido

e instado

la remisión de ganados

                               para el señor coronel Plaza,

y su acopio

para la marcha

del ejército

cuando se abra la campaña;

y aunque es verdad que V.S.

ha contestado

que no tiene ya caballos

 para cogerlos,

también lo es

 que tanto el ejército

como el territorio enemigo

están provistos

abundante

y sobradamente

de carnes sacadas

del Apure.

Añadiendo el secretario

que —No es posible conciliar

como el Gobierno

no puede hacer

 más

 que los particulares,

teniendo

más

 hatos que ellos,

más caballos,

tropa

que emplear

en el trabajo,

y sobre todo,

el derecho

de disponer

del servicio

de los mismos particulares

que hacen por su cuenta

las extracciones

en perjuicio del ejército”

Lo que le da pie a Lecuna

para el comentario

en cuanto a que

—la administración de La Torre

disponía de dinero sonante,

gracias a las exportaciones

 de cacao y añil

de la provincia de Caracas,

mientras

en las de Santander

y Soublette

escaseaba el dinero,

en Cundinamarca

por su incomunicación

con el exterior en varios años,

y en Guayana

por la pobreza general.

En este estado de cosas

los ganaderos de Apure

y ciertas autoridades

preferían

cambiar

sus ganados

por onzas de oro

en vez de dárselos

sin retribución alguna

al ejército libertador.

A muchos de estos hombres

los había arruinado la guerra,

otros considerábanse

merecedores

de protección

por sus servicios

y sus familias carecían de todo.

Lecuna deja constancia

que los oficios

 dirigidos

a Guerrero y a Páez

exhiben de data, —Boconó, 10 de marzo.

 

Asegura Eduardo Blanco

que antes de partir hacia Barinas

—Desde su cuartel general de Boconó,

ordenó que el ejército de Oriente,

mandado por el intrépido Bermúdez,

y bajo la inmediata dirección de Soublette,

Vice-Presidente de Venezuela,

abra campaña sobre la capital,

invadiendo por los valles de Barlovento

la importante provincia de Caracas;

—a Zaraza y Monagas,

con las caballerías del Alto-llano,

les exige llevar la guerra a las comarcas

de Calabozo y Orituco;

—previene a Urdaneta que reorganice

su división en Maracaibo

y acometa a Coro,

—y, finalmente, al coronel Carrillo

con las tropas de Reyes-Vargas

y las milicias de la provincia de Trujillo,

que se apodere

de Barquisimeto

y del Tocuyo.

Y todavía más. Eduardo Blanco añade

—Tomadas estas disposiciones,

el Libertador vuela a Barinas,

inspecciona los acantonamientos

 de sus tropas,

luego baja hasta Achaguas,

avístase con Páez

y activa

con el

heroico

caudillo

de las pampas

la movilización del aguerrido ejército de Apure.

El contexto que invoca Blanco

va del 10 de marzo al 23 del mismo mes.

Por el oficio de Marzo 4,

enviado

Al señor Sub-Jefe

del Estado Mayor General,

Coronel B. Salom;

Y el decreto de Marzo 9,

                con el que encarga

al General de Brigada

Luis Eduardo Azuola

del Gobierno

y funciones

que la Constitución provisoria

y leyes del Estado asignan á Vicepresidencia…

—Durante la enfermedad

del excmo. señor

Vicepresidente

interino

 de la República doctor Juan German Roscio…

sabemos que Bolívar

se encuentra en Trujillo.

El oficio á 10 de Marzo,

Al General en Jefe

del ejército español de Costa Firme,

lo ubica en Boconó.

Ya el 11 ocupa  Niquitao,

como lo fundamenta

                su oficio enviado

                Al Gobernador Comandante General de Trujillo.

El  oficio del 14 enviado desde Barinas,

Al Excmo. señor Vicepresidente de Venezuela,

y el del día siguiente,

Al Excmo. señor Vicepresidente de Cundinamarca,

delatan su presencia en Barinas.

Y ya para el 23 de marzo,

desde Achaguas,

se dirige

Al Excmo. señor Vicepresidente de Venezuela.

 

Lecuna sostiene que el traslado

de la Guardia a Barinas

—Así quedó resuelto el 2 de marzo

documentado en el oficio de esta misma fecha

dirigido desde Trujillo a Plaza.

 

Ya a estas alturas

como lo desgrana Gil Fortoul

—Sabedor Bolívar,

por medio de sus agentes,

de que toda gestión pacífica

 se estrellaría

contra

la intransigencia

del Rey

o sus ministros,

se decidió a reanudar las hostilidades,

a aun antes de cumplirse

 el lapso del armisticio,

pretextando que las enfermedades

y falta de mantenimiento

estaban ya diezmando

sus tropas de los llanos.

Al efecto participó a La Torres

el 5 de marzo

desde Trujillo,

 y el 10

desde Boconó,

que marchaba

a Barinas

y San Fernando,

cuarteles del ejército,

donde esperaría

sus nuevas

proposiciones

de paz,

en caso de tener por base

 la Independencia,

y que de lo contrario,

continuaría la guerra.

Al día siguiente, o como lo señala Lecuna

—el día 11, ya en viaje para Barinas

anuncia el fin de paz

a los Vice-Presidentes

de Cundinamarca

y Venezuela.

 

El pasaje de Eduardo Blanco

invocado

concuerda en casi todas sus partes

con lo manifestado por O’Leary.

Salvo el señalamiento de Blanco

sobre Boconó

como el lugar

donde Bolívar ordena

a sus tenientes entrar en movimiento

para el inicio de las hostilidades

y O’Leary apelando a una generalidad

(después de comentar el cruce

de comunicaciones

entre Bolívar y La Torre

y en que queda consensuada

el inicio de hostilidades

para el 28 de abril)

procede a comentar

la orden que le da a Plaza

de prepararle cuarteles en Barinas

para el cuerpo de mi mando.

Esta orden —dice Lecuna—

quedó resulta desde el 2 de marzo.

Los realistas no demoraron

la respuesta favorable

al reinicio de la guerra.

Señala Gil Fortoul que

 —La Torre

contestó

desde Caracas

el 19 de marzo,

que en cumplimiento

del artículo 12

del tratado

de Trujillo

las operaciones militares

comenzarían el 28 del próximo abril.

La Torre en queja al Libertador

enumera una nueva infracción

 al tratado de Trujillo

según  refiere O’Leary del tratamiento

que le da al traslado

del Cuartel General de Bolívar

a la ciudad de Barinas.

Y añade

—El general realista

apeló ante el mundo

en un manifiesto

que el mundo

 tal vez leyó

con indiferencia,

si acaso lo leyó.

—mientras Bolívar habló á sus soldados

y cerró su proclama encargándole

a sus —“Soldados!

Interponed

vuestros pechos

entre los rendidos

y vuestras armas victoriosas,

y mostraos tan grandes

en generosidad como en valor.”

Esta proclama está fechada en Barinas,

á 17 de abril de 1821.

Pero días antes ya Bolívar

se encontraba aquí

tal como lo atestigua

el oficio del 11 de Abril,

dirigido Al Señor General Rafael Urdaneta,

enviado desde esta ciudad.

Esa salida y entrada a Barinas,

es la que O’Leary

refiere del —intervalo

en que el Libertador

visitó los llanos de Apure

para entenderse con Páez

acerca de la próxima campaña,

y además por el problema candente

del avituallamiento del ejército.

Y es en este ínterin en el que O’Leary

esboza las operaciones encomendada a Soublette

las instrucciones dadas al general Urdaneta

—Páez cruzaría el Apure en el paso de Nútrias,

y siguiendo la dirección de La Guardia

que conducía el coronel Plaza,

 se uniría con la división de Urdaneta…

O’Leary dice

 —Hechos estos arreglos,

 volvió el Libertador á Barinas

á esperar

el término de la tregua,

allí aprovechando el tiempo

repitió á todos

 y á cada uno de aquellos jefes,

como era su costumbre,

las órdenes

que les había dado

 anteriormente.

Cierra O’Leary esta etapa de la campaña

con la invocación

 de las proclamas que Bolívar

dirigió al ejército español (una),

y la otra a los españoles al salir de Barinas

en la búsqueda del enemigo,

fechadas ambas á 25 de Abril….

 

De Achaguas a San Juan de Payara

¡Volvamos al intervalo

 que Bolívar pasó en Apure!

Lecuna expone que aguijoneado

por el problema de manutención del ejército

que continuaba siendo una incógnita por despejar…

 

de Barinas —En situación tan apurada

el general Bolívar

se dirigió personalmente al Apure.

Establecido en Achaguas

 del 23 de marzo al 4 de abril,

tomó cuantas medidas le sugirió el interés público,

hasta levantar personalmente en masa,

el hato de un emigrado,

a favor de la manutención del ejército.

Después de agotar sus esfuerzos

y dejar establecido

 un sistema de recolección

y conservación de ganados,

por el paso de Quintero y el Totumo,

regresó a Barinas,

a donde llegó el 11 de abril.

Con anterioridad

había despachado

a Sedeño a Casanare

a tomar

el mando

de la Provincia

y a recoger

500 jinetes,

1.000 caballos

mansos

y 4.000 reses,

pero aún siendo este enérgico general,

el más puntual de los llaneros

en el cumplimiento

de las órdenes del Gobierno,

no pudo obtener además de los jinetes,

de los cuales desertaron,

en el viaje a Barinas,

casi la mitad,

sino

 1.000 potros cerriles

y 500 reses,

y dejándolos al coronel Rosales,

para su conducción a Guasdualito,

se dirigió por orden de Bolívar,

a los hatos del Alto Apure

a seguir en la tarea

de recoger caballos

y ganados;

de los primeros reunió unos 500,

pero no consiguió

mayor cantidad

de los segundos,

y entre él

y los comisionados

Guerrero

 y Gómez,

despachados al Apure con el mismo objeto,

sólo pudieron obtener

ganados para mantener corto tiempo,

los 5.000 hombres de la Guardia

y 2.000 conscriptos.

Clausurando Lecuna su comentario

con este broche

—Situación terrible

causa de variar

Bolívar sus planes,

afortunadamente por muy pocos días...

Esto tienen de inconveniente

de imprecisión

las crónicas encaminadas al examen

de la guerra

 el ajuste de la estrategia

lo general y lo particular

                               el movimiento

lo constante y lo variable

de la campaña de 1821.

Exhiben una rigidez

 una certidumbre

que desentona con el marco determinado

por la entonces en construcción

República de Colombia

con mas pertinencia en lo imaginario

que acople en esa franja que decreta

el mar Caribe y el río Meta

 auxiliado este último

en buen trecho por el Arauca…

permeado

moldeado y remoldado

por las circunstancias en que nada era estable

y el freno que obliga al hombre

a insertar lo que no existe

en esa amplia de lo conocido

la inseguridad y su opuesto

la imprevisible sorpresa

el error del contrario

y su capacidad de aprovechamiento…

además del imperativo del factor económico

y el desnivel

en cuanto a la disposición de profesionalismo.

Por detrás de las tropas expedicionarias

está una organización política

y un ejército que derrotó a Napoleón.,

cuya grandeza la refrendaba

su dominio de Costa Firme.

¡Nada nace hecho de una vez!

¡Lo que no se busca, de pronto aparece!

Y tampoco puede obviarse

la situación de sufrimiento y ruina

de diez años de guerra

y la misma situación

de las tropas invasoras

de desgaste, de frustraciones

de merma, sin la debida

atención del gobierno de la península

sobre los cinco años

con más retroceso que avance

que había visto a su jefe supremo

embarcarse para España

a mediados de diciembre,

con la promesa de gestionar

ante el gobierno del Rey sus mejoras,

dentro de la paz del armisticio.

Refiriéndose O’Leary a la impotencia

que demostró La Torre ante el caso de Maracaibo,

dijo que —Los débiles son siempre condescendientes.

Algo de ello rondaba a las tropas del rey,

pero tampoco puede dejarse de observar

que los patriotas no dejaron de actuar

en esta dirección. En gran medida,

obra de ellos…

 

Bolívar cumple en Achaguas

la más largas de sus estadas

—del 23 de marzo al 4 de abril

Es de derivarse entonces

 una conclusión apremiante

que más que por razones

de ponerse de acuerdo con Páez

sobre el plan general de la campaña

Bolívar va al Apure por razones

de evitar la victoria del hambre en su proyecto.

Muchos analistas de la epopeya de Bolívar

olvidan la contumaz tesis de Lecuna

(que por ahora no voy a discutir su paternidad)

—solo teniendo presente

el fenómeno económico,

se explican los de la guerra.

—La miseria

es buena escuela del soldado

si la ración está asegurada

y la esperanza en la victoria

promete mejores tiempos.

Tal era el caso de nuestros ejércitos,

y su efectivo limitado estaba

en relación

 con los escasos recursos

y la débil densidad de población del país.

 

¡Vamos hacia bases incontrovertibles!

Méndez Echenique

promueve

la comunicación

del Briceño Méndez dirigida a Páez

enviada desde Barinas

del 5 de marzo de 1821

—No es posible, ni hay esperanza

de conseguir medios para sostener

el ejército sino en Barinas,

confiando en el ganado de Apure

y en la actividad y celo de US…

—(No es creíble que tan temprano

como el 5 de marzo Bolívar

se encuentre en Barinas;

está en Trujillo,

y desde aquí envía dicha carta

como se deriva

de la constatación de la fuente

Memorias del General O’Leary, t. 18).

 

y más abajito

añade

Méndez Echenique

que —Algunas correspondencias

del mismo Briceño  Méndez

 (sin decir cuáles,

pero que la confrontación

con la fuente indicada,

no hay dudas posibles

en lo dicho por Méndez)

llevan a —deducir

que Bolívar también

                                                               está en Apure,

concretamente en Achaguas,

desde el 23 de marzo,

por lo menos,

hasta el 9 de abril,

cuando Briceño Méndez,

desde el Potrero del Totumo,

 sobre el Apure,

le escribe al general Cedeño…

—Quiere, pues, S. E. que luego que entregue US.

todo al Coronel Rosales, marche US,

con el Comandante

Juan Antonio Romero y Bescansa,

á recoger todo el ganado posible,

sin excepción

de macho ó hembra,

chico ó grande,

 manso ó cerrero.

Todo lo que se pueda coger

y arrear

se tomará

y lo traerá US. por la misma dirección

que se le había señalado,

a este potrero,

donde recibirá US. nuevas órdenes

 sobre el destino

que S. E. le conferirá en el ejército

al abrirse la campaña.

 

Si descartamos

la afirmación de que Bolívar

está en Barinas

el 5 de marzo

como reza la premisa

que antecede al cuadro

o esquema con el que

Méndez Echenique

recoge hábilmente

el itinerario

que siguió Bolívar en Apure,

y colocamos el dedo

en la entrada correspondiente

al día 15 de marzo,

se constata

que desde aquí

desde Barinas

Bolívar se dirige al Apure

y es calculo

de Méndez Echenique

que —desde el 23 de marzo,

por lo menos,

hasta el 9 de abril,

Bolívar está Apure

encontrándose en Achaguas

en los paréntesis

del 23 al 27 de marzo

y desde

el 1º al 4 de abril;

tramo en el cual,

marcha a Payara

y aquí permanece

del 28 al 31.

Está en Quintero el 8

y el 9 en el Potrero del Totumo.

Y ya para el 11 está en Barinas.

 

Méndez Echenique comenta

de la agenda cumplida

por el Libertador Presidente

en la entonces capital de Apure

el —Decreto firmado por Bolívar

 en la Villa de Achaguas

el 4 de abril, con el cual,

nombra al general Antonio Nariño

en la Vice-Presidencia de Colombia,

en virtud

de la muerte

 del Dr. Juan Germán Roscio.

Y además comenta

que en la comunicación del 19 de abril

(no dice, de donde

se remite

 pero se entiende

que desde Barinas)

taxativamente

se deja constancia

de la presencia de Bolívar en Achaguas

y se devela la enorme trascendencia

de la tarea que le corresponde

cumplir al general Páez

—S. E. se consuela

con la esperanza de que US,

traerá

no sólo

los tres mil novillos

que tiene empotrerados,

sino también el hato entero

de que habló á US.

 antes de su partida de Achaguas.

Si no, lo hace US. así,

y si no deja además órdenes

para que venga por su espalda

 una cantidad de ganado,

esté US. cierto

de que

es impracticable

 la campaña

y que se perderá el ejército

por el hambre,

ó tendremos que aventurar

 temerariamente una batalla

sin ganar más que esto,

porque no es fácil destruir

 en ella

completamente el ejército español,

y aún cuando se lograrse,

quedaríamos

en el mismo caso

de miseria

y no podríamos

sacar

                de la victoria

todo el partido

y ventajas que ella nos ofreciese.

 

Igualmente promueve

Méndez Echenique

una comunicación del 13 de abril,

enviada desde Barinas al general Páez

sobre el día de la salida hacia el Centro

y de la conducta que debe observar.

Briceño Méndez le expresa

—Que el día 15 al 20 de mayo

debe US. pasar el Apure

con todo su ejército,

por el paso de Setenta,

de modo que el 20 emprenda

ya su marcha para el Mijagual

á buscar la incorporación

con el cuerpo

que manda S. E.

inmediatamente.

Y además le subraya

—Que S. E. no deroga en nada

las órdenes

que verbalmente comunicó á US.

para que ántes de llegar el día destinado

para pasar el Apure,

divierta y engañe US.

al enemigo

con movimientos

y noticias falsas

que oculten nuestro verdadero objeto,

y sobre todo,

 la dirección en que se va á mover.

 

No podemos dejar de referir

la labor que Bolívar cumple en Achaguas

en la afiliación de sus soldados

en el partido

del sentimiento de la República

y que Lecuna ofrece de esta manera

—Como homenaje

al mérito de los magistrados civiles,

el Libertador decretó en Achaguas

a los soldados

un luto

20 días

por el fallecimiento

del Vice-Presidente de Colombia,

el eminente patriota

                doctor Juan Germán Róscio.

De esta manera

las tropas

tomaban parte

 en el sentimiento

 de la República.

Así se cumplió en todos los cuerpos.

Entre otras medidas que bien pudieron

cumplir las tropas

concentras en Achaguas

y lo asomamos 

en vista de lo promovido por Lecuna

—mandó a leer

 el tratado

de regularización

de la guerra

íntegro a los cuerpos,

por ocho día consecutivos.

Esta medida se practicó

religiosamente en Barinas

y otros puntos del 2 al 10 de mayo.

El Libertador

ponía

particular cuidado

en mantener aseados los cuarteles,

y a donde llegaba

mandaba a limpiarlos

y a barrer las calles.

 

De vuelta en la capital del llano

En Barinas la actividad de Bolívar

desde su llegada de Apure

la delata y apunta el conjunto

de comunicaciones enviadas

a sus tenientes,

jefes

de las líneas

de operaciones

envolventes

que debía 

partir

del oriente

                               del occidente

                               y del sur

                                               concretamente

                                               del Bajo Apure

y que debía de concurrir

hacia un punto de encuentro

estimado para este momento en Mijagual,

donde debía situarse el Comando general de Bolívar

Lecuna esgrime

que

—envió las órdenes a Urdaneta el 12 de abril.

El 1º de mayo debía invadir a Coro,

apoderarse de la provincia y seguir a Carora.

—el 13 de abril ordenó a Páez cruzar el Apure,

del 15 al 20 de mayo, por el paso de Setenta,

y marchar enseguida a Mijagual,

pueblo situado al sureste de Guanare

y a la derecha del río Boconó,

hacia donde marcharía también la Guardia

 desde Barinas con ese objeto.

—Por fijar una referencia

desde el Oficio a Soublette,

—Achaguas, 23 de marzo—

viene Bolívar perfilando el movimiento

que iniciado

en el oriente

debía culminar

con la toma de Caracas.

El 13 de abril y en Barinas

en Oficio a Soublette,

—el Libertador prescribió a Bermúdez

 emprender su movimiento

el 1º de mayo

y ocupar a Caracas

del 15 al 20,

seguir tras los enemigos

a los valles de Aragua

y una vez logrado esto

“cambiar de actitud

y limitarse

a molestar

al enemigo,

y a distraerlo

sin comprometer acción

contra fuerzas superiores”…

A lo que Lecuna observa

—Para asegurar el éxito

Monagas

debía incorporar su brigada

a la división de Bermúdez,

Zaraza amenazar con la suya

a los enemigos de Calabozo

y a los valles de Aragua;

y el comandante general de Cumaná

estrechar el asedio de la capital

 de esta provincia.

A Guayana la defenderían

 sus guarniciones

y las fuerzas sutiles del Orinoco.

Y por si fuera poco, lo anterior

—El  coronel Carrillo

partiría de Trujillo

con una columna formada

por varias compañías adiestradas

de conscriptos granadinos,

los convalecientes de los hospitales,

las milicias de Mérida y Trujillo

y la guerrilla de Reyes Vargas.

Por Carache

debía pasar

al departamento

de Barquisimeto,

y al aproximarse

la división del general Urdaneta,

amenazar a Valencia por Nirgua,

esparciendo la voz

de que su columna

era la vanguardia

de aquella división,

consejo éste último utilísimo,

puesto en práctica

por Carrillo

oportunamente…

origen de uno

de los mayores yerros

del general La Torre.

El objeto de esta segunda diversión

era el de obligar al enemigo

a desmembrar

su ejército

para cubrir sus comunicaciones

con Puerto Cabello

y el territorio del Yaracuy,

del cual recibía subsistencias.

 

La primera acción de la campaña…

O’Leary asegura

que

—En la mañana del 28 de Abril

un destacamento

de la caballería colombiana

pasó el río Santo Domingo,

atacó y derrotó

las avanzadas realistas

en Boconó,

haciéndoles algunos prisioneros.

Inmediatamente después

la división del coronel Plaza,

á las ordenes del Libertador,

invadió el territorio

ocupado por los españoles.

Así comenzó la campaña de 1821.

Mientras que Lecuna prefiere señalar

—envió al bravo coronel Gómez

                                               el 28 de abril

con un destacamento

de caballería sobre Guanare,

donde se hallaba la 5ª. división española,

y al coronel Remigio Ramos

                               con su columna

de flanqueadores

a Mijagual y Guanarito

a despejar el territorio

 a la derecha de facciones realistas,

vueltas otra vez a levantar la cabeza…

 

¡Resultados!

O’Leary enumera

que —La quinta división realista

acantonada

en Guanare,

y regida por el coronel Herrera,

se retiró á San Carlos…

Pero Lecuna dice que antes de entrar a San Carlos

—La 5ª. división… replegó de Guanare a Ospino…

Bolívar… mandó al coronel Plaza adelante

sobre Guanare

con el regimiento de Dragones,

y puso en marcha sus batallones en la misma dirección.

O’Leary no deja de advertir

en relación a la presencia de los patriotas en Guanare

que —al punto entró La Guardia

en aquella villa,

donde sólo se detuvo lo suficiente

para dar descanso

á la tropa que marchó

en seguida

sobre San Carlos,

la cual fue evacuada

por los realistas,

cuya retaguardia

cambió algunos tiros

con un escuadrón de caballería

mandado personalmente por Bolívar.

Allí fijó su cuartel general para dar tiempo

á la incorporación

de las divisiones

de Páez

y de Urdaneta,

que debían marchar contra La Torre,

quien había concentrado

sus fuerzas

en las cercanías de Valencia.

(No dice O’Leary cuanto es el tiempo

transcurrido entre la primera acción

—la del 28 de Abril—

y el momento de la entrada

de Bolívar a San Carlos)

Páez provee una referencia

—después de su expulsión de San Carlos

y desde principios de junio,

 había el enemigo concentrado

sus fuerzas en Carabobo.

Méndez Echenique sostiene

que —el apoderamiento de Guanare

por los independientes se dio el 14 de mayo

y que el 2 de junio ocuparon a San Carlos

pero detengamos la prisa.

Entre esta última fecha

y la indicada arriba de finales de abril

media un mes de campaña.

 

A partir de este momento

 todos

—los tenientes de Bolívar—

inician el cumplimiento

de las acciones encomendadas.

O’Leary narra

que —El general Urdaneta

ocupó

 los Puertos de Altagracia

el 28 de Abril.

Lecuna dice que —Este general

emprendió marcha el 1º de mayo,

atravesó el lago de Maracaibo

en los puertos de Altagracia

y avanzó por la costa sobre Coro…

 

Señala Lecuna que —El general Mariño,

llamado varias veces al cuartel general,

llegó por fin el 30 de abril

 y fue nombrado jefe de estado mayor.

 

A juicio de Lecuna

—En los primeros días de mayo,

Carrillo había emprendido

marcha de Trujillo a Carache,

y de este pueblo al Tocuyo…

Luego, pasó a Quíbor

y siguió al norte,

precedido por Reyes Vargas. 

 

Según su propia confesión,

 Páez

salió —El 10 de mayo de Achaguas

con mil infantes,

mil quinientos jinetes,

dos mil caballos de reserva

y cuatro mil novillos,

 y cruzó el Apure por el paso Enriquero.

Sobre esta contabilidad Lecuna,

observa —trayendo caballos

de remonta

para el ejército

y parte de los ganados encargados

 con tanta instancia

 desde el comienzo de la campaña.

 

Páez no señala

ni la fecha

 del cruce

del río

ni el itinerario

que siguió hasta llegar al paso Enriquero.

Méndez Echenique abriga la probabilidad

que —de Achaguas avanzó hasta Apurito;

de Apurito se movió hasta Santa Catalina

y de aquí pasó a Guanarito;

y de Guanarito a Tucupido).

Méndez Echenique

 me remite

a la Historia Gráfica

de la Guerra

de Independencia de Venezuela

de Gustavo Machado G. (1998)

y que de acuerdo con esta fuente

el 10 de mayo está en Achaguas

el 31 de mayo en Tucupido

en San Carlos el 7 de junio

y el 21 de junio en sabana de Carabobo…

 

En este pueblo —testimonia Páez

En el pueblo de Tucupido supe

que Bolívar se había movido hacia Araure,

cuya villa había abandonado Latorre

para replegarse a San Carlos.

De este cambio

de seña que recibió Páez

sabemos que no pudo ocurrir

antes del 31 de mayo…

Lecuna argumenta

que —Embarazado

por la conducción

de los caballos en madrina

su marcha fue lenta.

El 31 de mayo llegó a Tucupido,

y de aquí en adelante

siguió el camino real

de Guanare a San Carlos

adonde entró el 7 de junio

con la mayor parte de la caballería.

El resto de esta

 llegó dos días después

y la infantería el 11 de junio.

Esta llegada

por parte de las tropas,

tiene asidero en la confesión de Páez

—Sabiendo yo que el Libertador

llevaba muy poca caballería,

dejé la infantería

al mando del coronel

Miguel Antonio Vásquez,

y con la caballería

me adelanté hasta San Carlos

 donde alcancé el general en jefe.

 

Por lo frecuente,

se subraya el retardo de Páez

y se corre el de Urdaneta. Pero ambos

en el entender de Lecuna

quedaron sin efectos graves

 por la diversión sobre Caracas,

llevada a cabo

por el más impetuoso de los jefes patriotas.

—Páez no podía reunir

sus madrinas de caballos

y los ganados de repuesto

sino en el momento de marchar;

estas operaciones requerían cierto tiempo,

y a última hora encontró dificultades

y se retardó unos días.

Urdaneta… se detuvo esperando

al batallón Rifles,

combatido rudamente

en su tránsito por la Goajira…

pero estos retardos

no tuvieron

consecuencias graves

con motivo del gran trastorno

causado al ejército español

por la diversión sobre Caracas,

llevada a cabo por Bermúdez,

con insuperable audacia.

y a la que habrá que añadir

la del valiente y tenaz trujillano

Carrillo sobre Yaracuy.

 

—El 11 de Mayo

el general Urdaneta

ocupa a Coro

(referencia O’Leary).

Añade Lecuna que —En Paraguaná

 se sublevaron las milicias,

en cuya animación no silencia

la presencia cumplida por la señora Josefa Camejo.

—Urdaneta entró el 11 a la capital,

abandonada por la guarnición…

Los españoles causaron

muertes

y graves daños,

al volar la víspera

un depósito

de 90 quintales

de pólvora,

en el centro de la ciudad.

 

Lecuna con menos prisa que O’Leary

por acortar la descripción de la campaña

dice que —El 13 de mayo Plaza

ocupó dicha ciudad [Guanare]

El batallón Anzoátegui

entró a Tucupido,

cerca de Guanare,

y Bolívar llegó a Boconó,

poco más atrás,

con el de Flanqueadores,

a tiempo que los batallones

 Granaderos

y Vencedor

se acercaban al mismo pueblo,

 adonde entraron al día siguiente,

y el batallón Boyacá

con un destacamento

de caballería

 avanzó a Mijagual

a reforzar a Ramos

y cubrir el movimiento de Páez.

El regimiento de Lanceros

seguía el último escoltando

 las madrinas de caballo y el ganado.

 

—Bermúdez el 14 de mayo toma a Caracas

(Dice O’Leary que el día anterior derrotó

en Guatire una fuerza realista de 700 hombres)

 

—Ospino fue ocupado —dice Lecuna

el 18 por el regimiento de Dragones,

su avanzada se acercó a Araure.

 

—del 18 al 20 —dice Lecuna,

Páez Atravesó el Apure

por el paso Enriquero.

 

—en la noche del 19 —dice Lecuna,

supo La Torre en Villa de Araure

la pérdida de Caracas,

cambió por completo sus planes.

 

—del 22 al 25 toda la Guardia —dice Lecuna,

 se reunió en Guanare,

incorporándose aún

 los batallones en formación

 y secciones de conscriptos

 y convalecientes

 que habían permanecido en Barinas,

y de ese momento aquella ciudad

quedó para siempre

en manos de los patriotas.

 

—Por fin el 24 de mayo —Dice Lecuna

se descorrió el velo.

El presbítero coronel Torrellas…

capturó el 22 un posta

entre Araure y Barquisimeto,

y por la correspondencia tomada

se supo “que el general La Torre

 había marchado precipitadamente

 sobre Caracas…”

 

Bermúdez, en la serranía de La Victoria

—y en el lugar llamado el Limoncito

sufre la más completa derrota el 24 de mayo,

yendo a parar a Guatire.

 

A juicio de Lecuna —Los españoles evacuaron

a Barquisimeto el 27 de mayo

 y Carillo la ocupó en seguida.

Reyes Vargas avanzó a Urachiche,

 tras los enemigos,

adonde entró el 28,

y Carrillo por orden del Libertador,

 expedida el 30 desde Araure,

marchó de Barquisimeto

 al cuartel general

por Caramacate

y San Rafael de Onoto

para engrosar

con sus 700 soldados el ejército,

a manera de reemplazos

y poco después volvió al occidente,

a tomar el mando de otras tropas

procedentes de Trujillo y Guanare

y a llenar la segunda parte de su comisión. 

 

—En la orden del día 31 de mayo,

después de varias reprensiones,

repetidas los días anteriores

con motivo de graves desmanes

contra ciudadanos pacíficos,

el jefe de estado mayor Mariño

insertó estas palabras

visiblemente

dictadas

por el Libertador:

“Últimamente S. E. declara

que no quiere

estar a la cabeza

de un ejército

de bandoleros,

y que prefiere ir sólo

a combatir con los enemigos,

que acompañado de tan vil canalla”.

También se mandó a castigar

la maña de ciertos reclutas

 de comer yuca brava,

para enfermarse

y dejar el servicio por el hospital.

 

¡Este era uno de los pequeños

 monstruos de la costumbre

heredado del paso de Boves

por el escenario de la guerra!

pero esto no puede verse separado

de la condición de isla

 de las tropas

 independientes

rodeadas de pobreza por todas partes

y a cada paso debemos recordar su indigencia.

Y tampoco desconocerse

 que en las medidas

adoptadas en su cancelación

la reprensión o el castigo

se acompañó

de medidas encaminadas a la mejora

o alivio de las indigencias de las tropas

tal como lo comenta Lecuna

—Los esfuerzos del general Bolívar

habían mejorado

las existencias de ganado,

y su economía rigurosa

permitió repartir

de ración con exacta regularidad,

a cada soldado,

carne, sal y un cuartillo de real,

 es decir la octava parte de una peseta,

fuera del pan cuando se lograba.

Sólo un día, el 20 de abril,

los soldados recibieron

medio real de plata.

A pesar de la disciplina más severa,

y de penas impuestas al merodeo,

algunos soldados robaban a los vecinos.

 

pero es de observarse

que la orden de Bolívar

Al señor Coronel Ambrosio Plaza

—que arreste US. á todos

los jefes y oficiales

del batallón

que hubieron presenciado

ó sabido el saqueo,

y que no lo hayan impedido.

Además hará US.

que se paguen diez pesos

al dueño del papelon,

y que se descuente mañana

esta cantidad al cuerpo que hizo el saqueo…

fechada en Las Palmas, 1821, junio 21

revela que a tres días de Carabobo

dicha propensión al saqueo

está presente en el ejército Libertador.

 

El movimiento de la contraparte

La narración de Eduardo Blanco

de los movimientos de los peninsulares

desde el rompimiento de las hostilidades

hasta la entrada del Ejercito Libertador

en la ciudad de San Carlos

nos ayuda a comprender la lógica

de los movimientos de Bolívar

durante este primer mes de campaña.

Esa operación envolvente

que partiendo del sur

al tiempo que se movía

por el Oriente y por el Occidente

también avanza hacia

el centro de la República

hacia un punto que la misma dinámica

cambia del lugar

en busca de la batalla que proporcione

lo que no pudo el armisticio

y por lo que se brega desde 1810.

 Eduardo Blanco escribe

(situado a sesenta años de la batalla)

que La Torres

—En los primeros días del mes de mayo,

sale de San Carlos,

a la cabeza de 2.000 combatientes;

incorpora en Araure la 5ª división

 y, después de ordenar a Morales

tener en jaque a Páez,

amenazándolo

con pasar el Apure,

se dispone a marchar sobre Bolívar,

[cuando a su cuartel lo sorprende]

la derrota sufrida por sus tropas

en la provincia de Caracas,

la retirada del brigadier Correa

 y el abandono de la capital

a los independientes.

Sabemos así del plan de La Torre

—La Torre marchaba hacia Barinas

tratando

de combatir

aisladamente,

primero

 al Libertador

y luego a Páez…

pero precisamente

 es el movimiento

de improviso que Bermúdez

inicia sobre la línea de Unare

siguiendo las instrucciones de Soublette

la que mueve

 a un reajuste

del plan realista

—Alarmado La Torres… deja en Araure

la tercera y quinta división

[de modo de] cubrir sus movimientos

y observar los del Libertador,

y retrocede hacia San Carlos

y luego hasta Valencia…

Eduardo Blanco señala

que el encuentro de Bermúdez

contra Morales

se dio en la cuesta

de las Cocuizas

y tras once horas de batalla

el soberbio oriental primero

se retira hasta Antímano

y por orden de Soublette

pasa a ocupar a Guarenas…

De acuerdo con esto,

el movimiento de Bermúdez

por lo menos evitó

que La Torre atacara a Bolívar

separado del resto de las tropas.

Y de la misma forma al general Páez.

Al repliegue de La Torre

 hacia Valencia

Bolívar le da lectura correcta

Encontrándose en Guanare

Inmediatamente

sigue

 los pasos de la Torre

y —ordena al general Cedeño,

su jefe de vanguardia,

aprovechar la extraña circunstancia

que los favorece

y apoderarse de San Carlos…

en los primeros días del mes de junio,

el Libertador fija

 en San Carlos

su cuartel general.

 

La reunión del ejército en San Carlos

Al  referirse a esto en su confesión,

Páez añade una contra-acción del enemigo

—Como ya he dicho,

después de su expulsión de San Carlos

y desde principios de junio,

había el enemigo concentrado

sus fuerzas en Carabobo,

y desde allí destacaba

sus avanzadas

en descubierta

 hasta el Tinaquillo.

Al ratificar Eduardo Blanco

que —Tan luego como el ejército español

se hubo establecido en Carabobo,

… el General La Torres adelantó sus avanzadas

hasta la vecina aldea de Tinaquillo,

distante cuatro leguas

del acantonamiento de sus tropas

y siete leguas del cuartel general republicano…

Esto quiere decir

que los dos contrarios campamentos

lo separaba una distancia de once leguas

 

¡Este es el momento en que Lecuna

observa un quiebre favorable a Bolívar!

—Con la retirada de los españoles…

hacia Valencia,

cambió por completo

 la situación militar;

 

desapareció

 la ventaja

de los realistas

por su posición central…

Lecuna describe el itinerario

por donde fluye

el cuartel general libertador

—se hallaba

el 28 en Ospino,

el 30 en Araure,

y el 31 en Agua Blanca.

El 2 de junio…

Bolívar

entró

en la tarde

 de ese mismo día

 a San Carlos

con 100 Dragones

solamente

en el momento de salir

por el otro

extremo

de la ciudad

las divisiones españolas

1ª. y 5ª.

al mando de los coroneles

Tomás García

y Herrera,

desalentadas y mohínas.

 Los batallones

 de la Guardia

 llegaron en los días 4 y 5.

 

Eduardo Blanco

que no deja de observar

 los movimientos

del Jefe Realista

es del parecer

que —casi al mismo tiempo

que el Estado Mayor

republicano

penetraba en San Carlos,

La Torre sale de Valencia

y va a fijar sus reales

en la histórica

llanura de Carabobo.

previamente destacando

 Eduardo Blanco

los movimientos convergentes

de los subalternos con su Jefe

—Morales regresa de Caracas

con el regimiento de “Burgos”,

después de confiar al coronel Pereira

el cuidado de hacer frente a Bermúdez

con una fuerte división;

las caballerías

que forrajeaban en el Pao,

así como las divisiones

                que se encontraban en Araure,

marchan al punto designado

para la concentración general del ejército…

 

Lecuna nos da una proyección

del regreso de Morales hacia Carabobo

Bermúdez —el 26 evacuó la capital

acompañado del vice-presidente Soublette,

… Morales desde Petare,

a tres leguas al Oriente de Caracas,

retrocedió con el batallón Burgos

 a marchas forzadas hacia Valencia.

Y nos permite conocer que Bolívar

—Según

sus informes

el general La Torre

desde el 4 de junio

se hallaba

 en la sabana de Carabobo,

ocupado en fortificar

 con obras de campaña

su acceso por el sur,

difícil de penetrar por un ejército,

y era preferible inducirlo

 a abandonar

sus puestos reforzados

por el arte,

 y a marchar a San Carlos

contra los patriotas.

Esgrime Lecuna que

—Poco antes

 ignorando La Torre

la llegada de la división Urdaneta

al cuartel general de Bolívar,

 intentó tomar la ofensiva

 y marchar a San Carlos,

y desistió al fin de este proyecto

por la ilusión de recibir

por momentos refuerzos de España.

 

de la agenda cumplida por Bolívar

al día siguiente

de su llegada a San Carlos

Lecuna

señala que —Próxima la acción decisiva

el Libertador dio el 3 de junio

una proclama a los habitantes

 de la Provincia de Caracas…

—los jefes españoles

no eran ya los Boves y Morales

“de aquellos tiempos

en que el genio del crimen

había llegado a colmar

 las angustias del corazón humano”,

sino hombres civilizados

 como La Torre y Correa.

 

En la célebre carta del 13 de junio,

dirigida al general Santander,

Bolívar en líneas de P. D.

le manifiesta que

—La división de Urdaneta

 llega aquí

dentro

de dos

o tres

días.

El General queda en Carora

por sus achaques antiguos.

El General Páez

está conmigo

desde antes de ayer.

Pronto entraremos en la lid.

 

El antes de ayer que alude Bolívar

corresponde al 11 de junio…

Méndez Echenique tiene por fecha

de la reunión de Bolívar y Páez

—En San Carlos el día 12 de junio.

La carta de Bolívar además

permite conocer que ya para esta fecha

Bolívar espera encontrarse

 con el enemigo en Carabobo.

Finalmente le recomienda

a su destinatario,

—páselo  Vd. bien.

Espere en la victoria de Carabobo

que vamos a dar…

y tenga por mí el aprecio que yo le profeso.

Puede estimarse que San Carlos

Bolívar

abriga una mayor conciencia

en la victoria

al ver que hasta ese momento

todo le sale bien.

 

Observa Lecuna un cambio en la conducta

de Bolívar hacia sus enemigos a partir

de este momento —Asegurada la reunión…

Si antes mostraba audacia

ahora simulaba prudencia…

El analista advierte en cuanto a que es

—la forma defensiva, la más fuerte en la guerra.

y es esta forma la que trata de evitar Bolívar

y enseguida veremos

 la pertinencia de su invocación aquí.

 

Al precisar O’Leary  que —El general Páez

no pudo llegar á San Carlos

hasta mediados de Junio.

en el momento de la salida

de esta ciudad

—Allí se organizó el ejército en tres divisiones.

 

y una de ellas la encabeza Páez

al frente de las tropas

 que salieron de Achaguas

sino totalmente

por lo menos parcialmente.

 

Páez atestigua sobre la maniobra

implementada por La Torre

que obligó a Bolívar

trasladarse a Tinaco

a recibir un parlamento

que conducía

—el coronel español Churruca

a quien Bolívar,

 invitándome

para que

 le acompañase,

salió a recibir

en el pueblo de Tinaco,

que dista

cuatro leguas de San Carlos.

Noticia anunciada en el momento

que Páez precisa de —Incorporada la infantería

y listos para marchar…

 

El aserto de Lecuna está conteste

en cuanto a espacio y tiempo

con la confesión de Páez

pero difiere en lectura.

Repite Lecuna que en San Carlos

—Cuando ya estaban reunidas

todas las tropas

el Libertador se trasladó al Tinaco,

ocho leguas delante

de San Carlos,

 a encontrar al coronel Churruca,

edecán de La Torre… 

Pero en objeción de Páez

Lecuna sitúa la causa

de este movimiento

en el despliegue de los tiros del arte

tan vitales como los otros…

por lo que a juicio de este analista

—el testimonio de Páez

está en contradicción

con los propósitos

del Libertador

 de inducir a los enemigos

 a abandonar

su posición de Carabobo…

de vencer por el arte.

 

Esto en razón —argumenta Lecuna

en cuanto a que —La posición de Carabobo,

cuatro leguas al suroeste de Valencia,

tenía la ventaja para el general español

de cubrir perfectamente

a Puerto Cabello,

cuya plaza

debía

conservar

a toda costa,

 por encargo especial de la Corte;

—se mantenía en comunicación

con el comandante Lorenzo,

cubría el territorio hacia el Pao,

 de donde recibía algunos ganados,

y a su espalda

en amplias sabanas

podía pastar la caballería.

 

De San Carlos a Tinaquillo…

Ilustra Lecuna sobre la marcha

en el tramo San Carlos-Tinaco,

—A la derecha del ejército libertador,

 avanzaba el coronel Remigio Ramos,

más no pudiendo seguir al Pao…

se retiró al Tinaco.

Inmediatamente partió de San Carlos

el general Plaza,

recientemente

ascendido a este grado,

con el batallón Anzoátegui,

a arrojar lejos el realista,

mientras la vanguardia

 del ejército avanzaba

 al Tinaco

a cargo del coronel Manrique.

 

—El 19 de junio

el teniente coronel

Laurencio Silva

con un escuadrón

de caballería

se apoderó por sorpresa

 tras violento combate

de las avanzadas

situadas en Tinaquillo.

Esta fecha no está conteste

con la señalada por Eduardo Blanco

—El 22, el Teniente coronel

José Laurencio Silva,

escogido por Bolívar

entre todos

aquellos bravos

que se disputaban

la gloria

de ser los primeros

en atacar

 al enemigo,

cae de improviso

sobre la primera

de las avanzadas

realistas

 situada

en Tinaquillo…

El parte oficial dado

en Carácas

 el 30 de Junio

por el coronel Pedro Briceño Méndez

desmiente a Eduardo Blanco

—marchó el teniente coronel Silva

el 19 con un destacamento

á sorprender

y apresar

 la descubierta,

que diariamente

hacia el enemigo

hasta el Tinaquillo

desde que fue expulsado de San Carlos

y se concentró en Carabobo.

 

Es estimación de Lecuna

que —El ejército se movió

el mismo día

de San Carlos,

—el 20

atravesó el Tinaco…

 

Ya para el 21 —según Eduardo Blanco

el ejercito que viene repartido

desde San Carlos en tres divisiones

—Acampa…  en el sitio de Las Palmas,

y allí supo el Libertador,

por algunos desertores

del ejército realista,

la brillante campaña de Bermúdez,

su llegada hasta San Mateo

y su repliegue hacia Caracas.

 

Yaracuy y Caracas…

Fuera del itinerario que sigue Bolívar

se cumplen sus órdenes previstas

—Carrillo ocupó a San Felipe el 22

y permaneció en esa ciudad hasta el 24.

Esta segunda diversión

realizada al Occidente

del ejército español

tuvo consecuencias

casi tan importantes

como la llevada a cabo al Oriente

por Bermúdez.

[por todo 750 a 800 combatientes,

restados al efectivo del ejército

en vísperas de la acción decisiva…

una de las cusas de su derrota.]

según estima Lecuna.

 

compendia Gil Fortoul eficazmente

la tarea encomendada a Bermúdez

al frente del ejército de Oriente,

y bajo las órdenes de Soublette,

al referir que

 en el segundo de los intentos,

—El 13 de junio,

allegadas otras fuerzas,

logra desquitarse

 en el combate de Santa Lucía,

y vuelve sobre Caracas.

Desquite efímero.

Los españoles,

al mando

del brigadier Pereira,

lo destrozan en las calles

el 23 de junio,

obligándole a escaparse

por el camino de Petare.

Pero como sigue diciendo

Gil Fortoul

—A la hora misma

en que los orientales

salían derrotados

de Caracas,

Bolívar

pasó revista en Tinaquillo

a 6.500 hombres.

 

a pesar de esto

Gil Fortoul

se atreve

 a sostener

que —a pesar de todo,

esta campaña

de Bermúdez

fue favorable

al plan general

de los patriotas,

al distraer —una parte del ejército enemigo,

al tiempo  que estaba también

amenazado

por la vía de San Carlos a Valencia.

Díaz Sánchez dice que con esa acción

de la toma y pérdida de Caracas,

Bermúdez sembró

la confusión en el enemigo.

O’Leary no deja de observar

que a causa del retardo de Páez,

le permitió al general Morales

recuperar a Caracas

y no impidió que —con la mayor parte

de su fuerza tuvo tiempo

de reunirse con La Torres

 ántes que el Libertador le atacase.

Sobre esta base afirma

que —Con más fortuna

corrió

 la pequeña

columna

del coronel Carillo

en la diversión

que hizo

por los lados

de San Felipe;

porque ignorando el general realista

cuál fuese su fuerza

y con el fin de contenerle,

separó dos cuerpos de infantería,

á las órdenes del coronel Tello,

el día 23, cabalmente

cuando el Libertador se hallaba

á pocas leguas de su cuartel general.

Conteste está la apreciación

 de Gil Fortoul

con el reconocimiento

que presenta Briceño Méndez

de la actuación de Bermúdez

—No me es posible

 informar

aún

á V. E.

de los prodigios

que este

célebre general

ha obrado

con una

 pequeña división,

por esta parte,

en cumplimiento

de las órdenes que tenía.

 Baste decir á V. E.

que

 los `pueblos

y el enemigo

están asombrados

y no alcanzan

á expresar

toda su admiración,

ni decidir

si han sido mayores

su valor y su audacia,

ó su prudencia y habilidad.

Presenta de ganancia, Lecuna

de la acción de Bermúdez,

—redujo el territorio realista

al distrito de Valencia,

donde los españoles

 hallaron

grandes dificultades

para avituallar su ejército.

Y proyecta además su evaluación

en el contexto en el cual

—Ninguna

de las disposiciones del Gobierno,

excepto la marcha de Bermúdez,

se había cumplido en el Oriente.

Los margariteños

 no quisieron salir de su isla,

los jefes llaneros Monagas y Zaraza,

perdiendo la brillante oportunidad

de coronar

sus inmensos servicios

con la mayor gloria,

no concurrieron a tiempo

con sus brigadas de caballería,

y no había municiones…  

—además

Lecuna no deja señalar

que el mismo Vicepresidente

no entendía las ganancias

de esa parte invisible

que estaba por detrás

de la toma de Caracas.

—Hombre

 Soublette

de gran cultura y honradez,

en la guerra era nulo.

 

El desfile del ejército en las sabanas de Tinaquillo

A la acción de Silva,

en la relación

de Eduardo Blanco

prosigue la última revista

que a sus 6.000 soldados

 pasa el Libertador

—el 23 de junio en la llanura de Taguanes.

Esto concuerda con la relación del triunfo

que Bolívar presenta

al  vicepresidente

 de Colombia

el 25 de junio

—Reunidas las divisiones

del ejército Libertador

en los campos

de Tinaquillo el 23...

Y no cuestión distinta señala

el coronel Pedro Briceño Méndez

—El 23 se reunió en la marcha

todo el ejército

que se había movido en divisiones…

 

Eduardo Blanco es el único en referir

(de las fuentes consultadas)

que —El desfile del ejército

terminó con la noche…

y cuelga en su narrativa

 desafiando a la duda

—Acaso por la primera vez

en el transcurso

de la guerra,

el ejército vestía de gala

para presentarse al enemigo

 

Antes de seguir es útil examinar

la apreciación de Eduardo Blanco

—permítaseme una digresión

uno está obligado a repreguntar

las fuentes

—¿De dónde salieron

 los seis mil trajes de gala?

¿Por qué ese acaso encabezando

el aserto de Eduardo Blanco?

—Acaso por la primera vez

en el transcurso

de la guerra,

el ejército vestía de gala

para presentarse al enemigo…

¡Ésta bien podría convertirse

en una línea de investigación!

dispongo de dos coordenadas

que me inducen a pensar

en el vestuario como un problema

no ajeno a la preocupación de Bolívar

en un amplio contexto de 1818-1821

Argenis Méndez inserta un fragmento

de la comunicación dirigida

desde Angostura al almirante Brión

marcada con el 16 de diciembre de 1818

en la que Bolívar advierte

—El 20 del presente mes marcho a Apure…

Yo conduzco los vestuarios

 que había en este almacén,

pero que no son suficientes

 quizá ni para la mitad del ejército

 que está allí reunido…

pero mucho más próximo

 a los días de Carabobo

Gil Fortoul nos lleva a dos direcciones

1) Descartar la abundancia

2) pero no descarta

o por lo menos

esa es la idea

en la que nos afianza

que antes de emprender

la campaña de 1821

el vestuario

pudo haber sido objeto

de medidas generosas

como sucedía en otros

inicios de campaña

y lo que es más

 determinante

los medios

de los que

 no escatimaba

 esfuerzos

en sus logros

Exactamente Gil Fortoul señala

refiriéndose a la nueva campaña

que estaba por comenzar

que —Como no hubiese en caja

existencia alguna

para atender

a la manutención

y equipo,

ordenó también Bolívar

 en el mes de julio,

que se exigiese un empréstito

a los comerciantes y hacendados

para confeccionar

 diez mil vestidos de tropa,

y otro empréstito de 25.000 pesos

a los propietarios

 de Caracas y La Guaira,

ofreciendo en garantía

derechos de aduana

y el producto

de las haciendas embargadas;

que se continuase cobrando

provisionalmente

las mismas contribuciones

 establecidas

por el Gobierno español… 

El ejército acuartelado en Valencia

constaba de 6.000 hombres,

mal vestidos, escasamente racionados;

la mitad

por lo menos

debían marchar cuanto antes

a la campaña del Pacífico,

y si la comisaría no allegaba fondos,

“sería forzoso —escribía Bolívar a Soublette—

saquear

 y desolar el país

para mantener a nuestros miserables soldados”.

¡Esto solo atestigua que el vestuario

del Ejército

era objeto de preocupación

del jefe supremo

pero hasta allí!

O’Leary desgrana un botón

que lleva hasta la idea

 de la conversión de Angostura

en una factoría en el momento

en que Bolívar preparaba

la campaña de 1819

—despachó luego comisionados

 á todas partes

á recoger

 caballos

y ganados,

reunir embarcaciones

y acopiar víveres;

hizo construir vestuarios

y componer las pocas armas

que había en el arsenal.

Angostura

parecía

en aquellos días

una maestranza,

un taller militar;

y tanto fue

el afán de Bolívar

y tan bien

 le secundaron

sus subalternos,

que en ménos

de tres semanas

se repararon

los desastres

que la impericia

ó la inobediencia

de Zaraza

habían causado.

Pero tampoco,

puede desconocerse

las cuentas

 que presenta Vicente Lecuna

—Soublette apenas podía cubrir

 los contratas de armamentos

recibidas en Guayana,

y encaminadas en seguida

por el Apure a la Nueva Granada,

y las de vestuarios

para el ejército de Oriente

y el de Apure,

a cuyo pago

también contribuyó

Cundinamarca

con $20.000

incluyendo

$10.000 ofrecidos

por Santander a Páez

a fines del año

y destinados por el Libertador,

cuando se hallaban en camino,

al pago de los vestuarios. 

Y todavía más

 Lecuna

dice

que

 —el 23 el Libertador

pasó revista a las tropas

 vestidas de gala

en la sabana

de los Taguanes…

Conteste quedan entonces

¡Eduardo Blanco y Vicente Lecuna!

 

La controversia de las cifras

En cuanto a la extensión del Ejército Libertador

la cifra indicada por Eduardo Blanco

difiere en cinco centenas menos

a la contabilidad de O’Leary

al registrar este último

—Montaba todas estas fuerzas

 á 6.500 hombres

en la revista que se pasó

en Tinaquillo

el 23 de Junio.

¡volveremos ocuparnos de esto!

pero adelanto

que Lecuna difiere en 100

centenas menos

del monto indicado por O’Leary

—El número de combatientes

 sólo alcanzó a 6.400

cuando las fuerzas conducidas

a formar el ejército

sumaban 10.000,

fenómeno debido

a las pérdidas

por enfermedades

y cansancio,

enormes en un país vasto,

despoblado

e infestado

por el paludismo.

Numerosos hospitales

en las provincias

de Mérida,

Trujillo

y Barinas

 habían quedado llenos de enfermos.

Según Bolívar el ejército era un saco sin fondo.               

 

Al expresar Lecuna

de la agenda cumplida

 en Tinaquillo

—el 23 el Libertador

                               pasó revista

… en la sabana

de los Taguanes

teatro

de uno de sus más

brillantes triunfos

en 1813…

¡es de observarse que Eduardo Blanco

también lo señala, como tiene presente

que ya en las sabanas de Carabobo

Bolívar había derrotado a los realistas…!

 

La reestructuración del ejército

Lecuna se alinea al parecer compartido

en cuanto a la reorganización del ejército

y recuerda que las tropas

—Desde San Carlos

venían

organizadas en tres divisiones:

la primera

a las órdenes

del general Páez,

compuesta

de los batallones

legión Británica (Tomás Farriar)

y Bravos de Apure (Torres)

y 12 escuadrones de caballería de Apure

(Muñoz, Silva, Rosales, Iribarren,

 Figueredo, Galea, Escobar, Mujica,

Romero, Farfán, Borrás y Escalona);

tenía de Jefe

 de estado mayor a Vázquez;

 la segunda

al mando

de Sedeño

con

los batallones

Tiradores (Heras),

Boyacá (Fleger),

y Vargas (Gravete)

 y el regimiento

de Caballería Sagrado (Aramendi)

de la segunda brigada de la Guardia;

y la tercera

a las órdenes

del general Plaza,

formada

con los batallones

de la primera brigada

Rifles (Sandes),

Granaderos (Manrique),

Vencedor (Uslar),

y Anzoátegui (Arguindegui),

y el regimiento

de caballería

 del Alto Llano de Caracas,

al mando de Rondón,

y los jefes  de escuadrón

Julián Mellado,

Fernando Figueredo,

y Faustino Sedeño.

 

Continua diciendo Lecuna

que —Los bravos oficiales

Francisco de Paula Vélez,

Justo Briceño,

Lucas Carvajal,

Leonardo Infante,

José Gabriel Lugo

y Juan Gómez

habían sido destacados

al Occidente

en distintas comisiones.

El Estado Mayor

lo desempeñaban

el general Mariño

y el coronel Salom.

Servían de edecanes y ayudantes

Ibarra, O’Leary, Medina,

Woodberry, Álvarez, Ibáñez,

Umaña, Demarquet

y Anacleto Clemente,

sobrino de Bolívar;

de cirujano mayor

Murphi

por ausencia

de Cervellón Urbina.

Rangel

era segundo de Plaza,

y Avendaño su ayudante;

Manrique

 segundo de Sedeño,

Piñango

 jefe de estado mayor

de la segunda división

y Flores ayudante.

Juan Farriar

sub-jefe

de estado mayor

de la 1ª. división.

En los batallones

hacían de mayores

Davy,

J. J. Conde,

Castelli,

 Reimboldt,

Smith,

López,

León,

Celis,

Pulido

y Cala.

 

La ocupación de Buenavista

Bolívar atestigua que

—marchamos ayer

por la mañana

sobre

el cuartel general

enemigo

situado en Carabobo…

El coronel Pedro Briceño Méndez

asevera como movimiento inmediato

al desfile de Tinaquillo

que —al amanecer del 24,

nuestra vanguardia

se apoderó de Buenavista,

distante una legua de Carabobo.

O’Leary casi dice lo mismo

—Al rayar el alba del 24

emprendió

marcha el ejército libertador.

Cuando llegaba

á la altura de Buenavista

se disipaban lentamente

las brumas

que envolvían la llanada,

donde estaban los realistas

 ya formados en batalla.

Eduardo Blanco secunda

 los pareceres anteriores

—Al despuntar la aurora del 24 de junio…

el ejército se pone en movimiento… 

e inmediatamente describe

la actitud del ejército

muy cerca de entrar en batalla

—parecían dirigirse a una feria 

(y lo más cercano a este ambiente

lo rinde Páez —Seguimos, pues,

la marcha llenos de entusiasmo,

teniendo en poco todas

las fatigas

pasadas

y presentes)

Lecuna es de la misma opinión

en cuanto a que

—El 24 al amanecer

 la vanguardia

ocupó

las alturas de Bella Vista,

a una legua del campo de Carabobo.

Y Eduardo Blanco añade enseguida

—Después de esguazar el Chirgua

 y de internarse

en las tortuosas

quiebras

de la serranía

 de las Hermanas,

había que penetrar

por el desfiladero

de Buenavista,

posición formidable

donde pocos soldados

bastan a contener todo un ejército…

Mientras dice Lecuna que

—De Buena Vista

 se baja a la quebrada del Naipe,

mitad del camino a Carabobo,

y enseguida

se sube

atravesando

una serie de colinas,

de poca altura

hasta llegar

 a la quebrada de Carabobo,

al pie de la sabana,

y para penetrar a esta

es necesario

 ascender un recuesto.

Páez no deja de observar

que producto de la acción de Silva

—el enemigo juzgó prudente

 retirar

un destacamento que tenía

en las alturas de Buenavista;

y ocupado desde luego

por el ejército patriota,

desde allí observamos

que el enemigo se estaba preparando

para impedir el descenso a la llanura.

Pero no solo eso ocurre en este sitio

O’Leary señala entre otros

—En la mañana del día

de la batalla de Carabobo

almorzó

el Libertador en el alto de Buenavista.

Por su parte Eduardo Blanco expresa

—Desde las cumbres de Buenavista,

pudo estudiar el Libertador

 la situación del enemigo…

Esto encaja con la afirmación de O’Leary

—Habiendo reconocido el Libertador

 la posición enemiga

y convencídose de que La Torre

 sólo esperaba el ataque de frente,

ordenó al general Páez

que se internara

por un atajo angosto

y escabroso…

De acuerdo con esto

el plan de ataque o de batalla

lo elabora Bolívar

en las alturas de Buenavista.

Lecuna también empuja hacia esta dirección

pero además comenta

—El Libertador observó

 cuidadosamente

la posición del ejército real,

desde el caballete de una choza,

situada en una colina,

y como por su disposición sólo

esperaba el ataque

 por el frente

o por su izquierda,

dispuso “que el ejército convirtiese

su marcha rápidamente

sobre nuestra izquierda

flanqueando al enemigo

por su derecha

que parecía más débil”,

según reza el parte oficial…

Adicionalmente no deja de comentar

que con este acción, Bolívar

—obligaba a variar el plan adoptado

y a empeñar la lucha

a retaguardia de su derecha

donde no tenía nada preparado para la defensa.

En cambio requeríase

 atravesar

un terreno

de quebradas

y colinas

por senderos difíciles,

 juzgados impracticables por los españoles.

 

La doble faja de bosques y colinas

¡Detengamos por un momento!

En cuanto

a la descripción

del paisaje

a O’Leary le basta escribir

que desde el alto de Buenavista,

se divisa un bello paisaje ó vista.

Mientras que Eduardo Blanco

intentará meter todo este paisaje

en una

metáfora viva

—Entre una doble faja

de bosques

y colinas

que le dan la apariencia

de una inmensa bandeja

de levantados bordes,

se extiende la … llanura de Carabobo,

extremidad meridional

del … valle de Valencia,

a una distancia de seis leguas

de la ciudad del mismo nombre.

El camino que conduce a San Carlos

la corta de Norte a Sur;

y casi a la mitad de la planicie,

desviándose un tanto hacia el Oriente,

nace de aquella ruta otra,

                               no menos frecuentada,

que se dirige al Pao.

Estas dos vías, para 1821,

salían de la llanura,

desgarrando matorrales y asperezas;

la segunda, por cañadas tortuosas;

la primera,

por una abertura natural,

especie de crujía,

formada por la caprichosa

 separación

de las dos extremidades

de aquella cadena de colinas

que sirven como de antemural

a la planicie por la vía de San Carlos.

A esto se atreve añadir Eduardo Blanco

—se divisaban en el fondo de la planicie,

sobre la verde alfombra,

las tiendas de campaña

donde había vivaqueado

tres semanas

y donde guardaban aún,

junto con sus cuantiosas provisiones,

su bien provisto parque.

Las reservas de sus caballerías

 pastaban en prados más distantes. 

 

La extensión del ejército realista

Calcula Eduardo Blanco

en cuanto a la extensión

del ejército español

desplegado en Carabobo

—constaba aún

de seis mil combatientes,

la flor de sus aguerridos regimientos.

Este dato

 concuerda

con el señalado

por Bolívar

—El ejército español

pasaba

de seis mil hombres

quien además afirma en la comunicación aludida

que —el ejército libertador tenía igual fuerza…

Eduardo Blanco esgrime la misma cantidad

—Al mismo número ascendían nuestras fuerzas

pero abona un ingrediente

 que pasan por alto

muchos analistas de la batalla de Carabobo

—y, sin embargo, no era igual la partida;

pues todas las ventajas

 favorecían

al enemigo que,

además

de ocupar la llanura

y las colinas

que las resguardaban,

disponía de alguna artillería,

lo cual nos obligaba

antes de empeñar

formalmente

la batalla,

 a conquistar el terreno donde debía librarse.

Díaz Sánchez llega a atribuir

—del lado de los patriotas 6.400 hombres,

y 5.200 por parte de los realistas.

Presenta un dato que contradice

el parte de los que fueron protagonistas

—El choque

se produce

el 24 de junio

 al amanecer…

pero Bolívar señala que fue sobre el medio día

—A las 11 de la mañana

 desfilamos por nuestra izquierda

al frente del ejército enemigo bajo sus fuegos.

y como diciéndole a su destinatario,

no olvide que este ejército está

—compuesto

de lo mejor 

de las expediciones pacificadoras.

Páez no escatima esfuerzo en señalar

que —El ejército español

que

les aguardaba

 se componía

de la flor de las tropas expedicionarias,

y sus jefes habían venido a América

después de haber recogido

muchos laureles

en los campos

de la Península,

luchando heroicamente

contra las huestes

de Napoleón.

 

(En mi memoria oigo

 al comentarista narrar

el nocaut fulminante

y oigo claramente al vencedor

esmerado en ponderar las cualidades

del  boxeador caído…

—Claro mientras Ud.

—la página en blanco

lo sopla a mi oído—

enumera las fortalezas del contrario

Ud. se elogia a sí mismo)

En todo caso, no puede dejarse de observar

que la composición

del ejército expedicionario

o más concretamente

el ejército comandado por La Torre

su composición jamás fue

de solos españoles invasores

Lecuna le asigna la proporción,

mitad españoles y mitad venezolanos.

 

La distribución de los realistas en el campo

El despliegue del ejército realista

O’Leary lo distribuye

en —Seis columnas de infantería

y tres de caballería

 ocupaban

la planicie de Carabobo

y algunas de las colinas que la rodean,

listas á marchar en cualquiera dirección

en que se moviesen los colombianos,

para disputarles la entrada en la llanura.

Este reporte está sincronizado

con el parte de Briceño Méndez

—observamos

que el enemigo

estaba preparado

al combate,

y nos esperaba formado

en seis

fuertes columnas

de infantería

 y tres

de caballería,

situadas de manera

que mutuamente

se sostenían,

para impedir nuestra salida á la llanura.

Eduardo Blanco se atreve a decir

que —todos sus regimientos

estaban escalonados

de manera

que fácilmente

se ayudaran

y que a la vez pudieran apoyar

 la artillería

que dominaba el abra

y a las tropas ligeras

que defendían las alturas.

El 1º de “Valencey”,

uno

de los

 mejores

 regimientos

del ejército expedicionario,

cubría el camino

 de Valencia a San Carlos.

A su derecha,

los batallones

“Hostalrich”

y “Barbastro”,

y a su izquierda,

sobre la ruta del Pao,

el regimiento de “Infante”.

Cuatro escuadrones de húsares

y otros tantos de carabineros,

robustecían las dos extremidades

de esta línea,

tras la cual se hallaba de reserva

el regimiento de “Burgos”,

y a espaldas de éste,

el resto de la caballería

mandada por Morales.

 

No puede acreditarse

este parecer de Eduardo Blanco

sin confrontarlo con el de Lecuna

—Al extremo suroeste de la sabana,

por donde penetraba el camino real,

estaban las obras de campaña de los españoles.

“El camino estrecho que llevábamos

—escribe Briceño Méndez—

no permitía otro frente que para desfilar,

y el enemigo

 no solamente defendía

la salida al llano,

sino que dominaba

perfectamente

 el desfiladero con su artillería,

una columna de infantería

 que cubría la salida y dos flanqueaban”.

En otros términos:

inmediato al zanjón

o quebrada del Guayabal

el batallón 1º de Valencey (García),

el más fuerte de los cuerpos españoles,

desplegado en batalla al borde de la sabana,

cubría el camino de San Carlos a Valencia,

y formaban en línea,

 a su derecha y a su izquierda,

los batallones 1º de Hostalrich (Illas)

y Barbastro (Cini).

En segunda línea,

se hallaban

el batallón del Príncipe

y el del Infante (Montero),

este último cubriendo el camino del Pao.

El de Burgos (Zarzamendi) de regreso de Caracas,

 y el de la Reina,

reconstituido

con oficiales veteranos

retirados de Barcelona,

estaban en reserva en el camino de Valencia.

La línea principal

se apoyaba

a la derecha

a unos matorrales

y a su izquierda

tenía dos

 escuadrones

de caballería

regidos por Narciso López y Guía Calderón.

A retaguardia

se hallaba

 el resto de la caballería,

15 escuadrones de llaneros

en 5 regimientos,

a cargo de los excelentes jefes venezolanos

Antonio Ramos,

Renovales,

Alejo,

Martínez

y Cruces.

El ejército realista

 constaba

de 5.100 a 5.180 combatientes,

mitad españoles y mitad venezolanos.

Morales era segundo jefe

 y Montenegro Colón jefe de estado mayor.

 

O’Leary completa la escena con el agregado

—Los oficiales

 del estado mayor

español

la recorrían

en todos sentidos al galope,

como dando órdenes

á los comandantes

de los diferentes cuerpos;

mientras otros con el anteojo

observaban

los movimientos del ejército republicano.

Aquí y allá

se veían grupos

á pie y á caballo,

aparentemente discutiendo

sobre las intenciones del enemigo,

y algunos tendidos

 en el suelo

reposaban indolentemente.

 

El primer movimiento patriota,

fruto de lectura que develó el hueco de su fortaleza

Revela Eduardo Blanco

la lógica

del ejército realista

 desplegado en Carabobo

—Confiado La Torre…

en la superioridad

de su poderosa infantería,

procura combatir en un terreno

donde no pudiéramos

oponerle otras armas

que aquellas en que se estimaba superior.

 

Páez solo hace mención

de dos cuerpos

—como viésemos ocupadas

sus alturas

 por los

 regimientos

Valencey

y Barbastro

Añade otra referencia

de la que

podríamos

 obtener

algún provecho

—Dejando el general español

los dos regimientos,

antes citados,

a la boca del desfiladero,

salió a disputarnos

con el resto del ejército

 el descenso al valle

O’Leary también dice

que —Son dos los caminos

                               que conducen

 á Carabobo

por la parte del sur,

uno

 el de San Carlos

y otro

el del Pao…

Y —Ambas entradas

á la llanura

estaban bien defendidas,

especialmente

la del camino de San Carlos,

en donde La Torre

había colocado su artillería.

¡Pero el dios de la guerra

abrió el sol sobre Bolívar!

—Estudiadas las posiciones —dice Eduardo Blanco

que sostenía el ejército realista…

concibió el atrevido intento

de envolver al enemigo

por uno de los flancos,

arrostrando las dificultades

y peligros que le oponía el terreno.

Cosa distinta no atestigua O’Leary

—Habiendo reconocido

 el Libertador

la posición enemiga

y convencídose de que La Torre

sólo esperaba

el ataque de frente,

 ordenó

al general Páez…

Pero antes de dar la orden a Páez,

dice Eduardo Blanco

que —Bolívar hace llamar

a uno

de los

guías

que tomara

en Tinaquillo…

—El guía… indica al Libertador

una verada

poco conocida

y casi impracticable,

denominada

la Pica de la Mona,

como la única posible… 

corre a la entrada del atajo

y ordena a Páez

penetrar

 por él con la primera división

e ir a forzar la entrada a la llanura.

O’Leary dice algo muy parecido en parte

—ordenó al general Páez

que se internara

                por un atajo

angosto

y escabroso

que arranca

 á la izquierda

del camino

de San Carlos

y cayera sobre la derecha del ejército realista.

Páez ofrece de testimonio que

 dejando el general español

al Valencey y Barbastro,

—a la boca del desfiladero,

salió a disputarnos

con el resto

del ejército

el descenso

al valle,

para

 lo cual

ocupó

una pequeña

eminencia

que se elevaba

a poca distancia

del punto

por donde

nos proponíamos

entrar en el llano,

que era la Pica de la Mona,

conducidos por un práctico

 que Bolívar había tomado en Tinaquillo.

Añade enseguida que

—giramos hacia el flanco izquierdo

con objeto de doblar

 la derecha

del enemigo:

movimiento que ejecutamos,

a pesar del nutrido fuego de su artillería.

La pertinencia de este giro

la contiene la descripción

de El camino estrecho

que llevábamos

colgada en el parte de Briceño Méndez

—no permitía otro frente

que para desfilar,

y no solamente el enemigo

—defendía

la salida al llano…

además —dominaba

perfectamente

el desfiladero con su artillería…

cubría la salida una columna de infantería

y dos la flanqueaban

 por derecha

é izquierda.

Este parte

que es el parte oficial

de los vencedores

habilita la orden dada por Bolívar

sobre la base de la lectura que hizo

del despliegue del ejército realista

—dispuso que el ejército

convirtiese

su marcha

rápidamente

sobre

nuestra

izquierda,

flanqueando

al enemigo

 por su derecha

que parecía más débil.

 

La lectura la ejecuta Páez como la previó Bolívar

Es del criterio O’Leary

que —El movimiento se ejecutó

 con la celeridad

que la naturaleza

del terreno lo permitía;

en medio

de una obstinada resistencia,

del que destaca

que después de pasar el desfiladero,

que apenas permite

 la marcha de dos hombres de frente,

—La infantería colombiana,

tuvo que formar

 bajo un fuego mortífero,

y trepar

 luego

una barranca elevada

y casi perpendicular,

 coronada

además

por numerosas guerrillas.

 

Lecuna tiene el cuidado de indicar

que —Con el objeto de entretenerlos

la división Plaza desplegó

a tiro de cañón

en las colinas

frente a la posición de los enemigos,

con el riachuelo Carabobo por medio.

Y dicho esto, pasa a describir Lecuna

—Páez con los batallones de su división

y un escuadró de caballería de su Guardia,

inicio el movimiento con la mayor celeridad,

despreciando al cruzar una quebrada

los fuegos de la artillería enemiga.

Luego seguía el resto de su caballería.

Debía marchar por un camino

estrecho

a veces dentro de una quebrada,

o por los declives de los collados,

 y ascender un recuesto

de 40

a 50 metros

de altura

para entrar a la sabana.

No dejando de añadir Lecuna

—Sedeño con su división,

llevando a la cabeza

el batallón Tiradores,

siguió tras de Páez,

con igual decisión y energía.

 

La entrada a la sabana

el edificio que se desmorona lentamente

Páez testimonia que

—El batallón de Apure

resistiendo

vigorosamente

los fuegos

 de la infantería

                  enemiga,

al bajar al monte,

atravesó un riachuelo

y mantuvo el fuego

hasta que llegó

la Legión Británica

al mando

de su bizarro

coronel Farriar.

Más o menos esto encaja

con el parte

de Briceño Méndez

Debíamos desfilar

                               por segunda vez

puesto que debían

atravesar un riachuelo

que separaba la colina

dominada por el enemigo…

Y que Siendo plana su cumbre

—daba al enemigo la ventaja

 de moverse fácilmente

y de ocurrir á todas partes.

Siendo esta la razón

por la que —pudieron algunos

de sus cuerpos

llegar á tiempo

a la puerta

—de la sorpresa

de

 nuestro movimiento.

Lecuna es del criterio que

—Aún cuando el movimiento

no se podía ocultar del todo,

La Torre en los primeros momentos

no se dio cuenta

de la importancia

de las fuerzas

 encargadas

de envolverlo

y atacarlo

a retaguardia,

y acudió sólo

con el batallón Burgos

a contener la columna patriota

 en el momento

 de empezar esta

a subir

el recuesto para penetrar en la sabana.

Páez omite un detalle en su testimonio

presente en el parte de Briceño Méndez

—El batallón Apure...

ya plegaba,

cuando llegó

en su auxilio

 el batallón Británico

que le seguía. 

O’Leary sostiene lo mismo

sobre este particular

—El batallón Apure, 

… á pesar de su denuedo

no pudo resistir…

y ya casi cedía,

cuando llegó en su auxilio

el batallón Británico.

 

pero en desquite de esa omisión

Páez dice

 que

—Estos valientes,

dignos compatriotas

de los que

pocos años antes

se habían batido

con tanta serenidad

en Waterloo,

estuvieron

sin cejar un punto

 sufriendo

las descargas enemigas

 hasta formarse

en línea de batalla.

De muy similar

opinión

 es

Briceño Méndez

—La firmeza del batallón Británico

bajo el sufrimiento de los fuegos

hasta que se formó,

y la intrepidez

con que cargó

á la bayoneta…

O’Leary casi es del mismo parecer

—el batallón Británico,

que entró en formación,

y marchando en buen órden,

dio una brillante carga

á la bayoneta

y se adueñó de la altura,

lo que permitió

al valeroso Apure

 rehacer sus filas

y volar

 á su vez

en auxilio del Británico.

¡Allí en el campo de batalla

Páez era el jefe!

Eso tiene de importancia su testimonio

pero de allí a considerarlo infalible,

ese es otro trecho muy distinto.

Eduardo Blanco ofrece

una imagen formidable

de las tropas inglesas

bajo el sufrimiento de los fuegos

—un edificio que se desmorona

lentamente,

sus escombros acrecen

y se amontonan

al pie

de los cimientos.

Pero en medio de esa circunstancia

—el regimiento inglés

como un volcán

en erupción

vomita a torrentes

bocanadas de fuego.

La muerte

 le acecha,

le rodea

y se ceba en sus filas:

Farriar, su heroico Coronel,

rinde la vida

a la cabeza de la línea,

pronunciando

la única palabra

que ha repetido

durante

media hora:

 ¡firmes!...

El Comandante Devy,

su segundo,

 lo reemplaza

en el mando,

donde

 no dura largo tiempo.

Un capitán ocupa el primer puesto,

tras éste

otro

que muere

también al ocuparlo,

y otro más

a quienes

 toca

la misma infausta suerte.

Páez se atribuye como suya la orden

—les mandé cargar a la bayoneta

viendo que ya estaban escasos de cartuchos.

 

La irrupción de Heres

y la carga a la bayoneta

Eduardo Blanco secunda a Páez,

pero sin dejar de mencionar

que —Al amparo de “La Legión Británica”,

Páez consigue reorganizar a “Apure”,

lo lleva de nuevo a la pelea

 y restablece

con menos desventajas

aquel recio combate.

Unido a dos compañías de “Tiradores”

con las que el fogoso Heres,

adelantándose a la segunda división,

se apresura a tomar parte en la refriega.

“Apure” se une a los ingleses,

 y Páez ordena entones cargar a la bayoneta.

Subraya Eduardo Blanco

que —Cuando el regimiento inglés

recibe aquella orden,

Minchin lo manda:

es el más joven

de sus capitanes;

los otros ya no existen;

y el resto de la oficialidad

ha sido herida.

“La Legión” se levanta y acomete;

y en el sitio

donde

 a pie firme

hubiera combatido,

diez y siete oficiales quedan muertos,

así como la mitad de los soldados

de aquel glorioso cuerpo,

que yace destrozado

sobre la roja arena.

En las proximidades de este contexto

descasa la apreciación de O’Leary

—Algunas compañías

del batallón Tiradores,

de la segunda división,

llegaron oportunamente á reforzarlos,

y con su apoyo lograron

conservar la posición

tan bizarramente ganada,

aunque á costa de mucha sangre.

En menos de un cuarto de hora

la tercera parte

de la fuerza

de estos batallones

quedó fuera de combate.

El coronel Ferrier,

 el mayor Davy

y muchos otros oficiales

yacían en el campo mortalmente heridos.

El testimonio de Páez

en cuanto

 a esta actuación

 de los cuerpos

que decidieron la victoria

concuerda con la enunciada

primero O’Leary

y luego por Eduardo Blanco

—Entonces ellos —los ingleses—

el batallón Apure

y dos compañías

de tiradores,

mandados

por el heroico

comandante Heras,

obligaron al fin al enemigo

a abandonar

la eminencia

y tomar

nuevas posiciones

en otra inmediata

que se hallaba a la espalda.

Nada distinto refiere el parte

de Briceño Méndez

de este momento de la Batalla

al destacar

 de la conducta

de la Legión Británica

—la intrepidez

con que cargó

á la bayoneta

sostenido por el batallón Apure

que se había rehecho

y por dos compañías

del de Tiradores

 que oportunamente

condujo al fuego

                su comandante

el teniente coronel

Heras,

decidieron la batalla.

El enemigo cedía el terreno,

aunque

sin cesar

sus fuegos.

 

El uniforme de oro

Lecuna con más precisión

en el comentario de este momento

que protagonizan las tropas de Páez

ratifica lo del auxilio de los británicos

—El batallón Apure,

no pudo resistir

el choque de Burgos,

y ya casi cedía

cuando llegó en su auxilio el Británico;

este dio una carga a la bayoneta

y entró a la sabana,

pudiendo entonces Apure

rehacer sus filas

 y ascender a su vez en auxilio del Británico.

El batallón Burgos difícilmente

se sostenía

contra fuerzas superiores

cuando llegaron en su ayuda

el del Príncipe y el Nº 1 de Hostalrich.

Llega —entonces— el momento que Páez

descifra al decir que desde nuevas posiciones

en la otra eminencia inmediata

que se hallaba a la espalda

La Torre —De allí envió

contra nuestra izquierda

su caballería

y el batallón de la Reina,

 a cuyo recibo mandé yo

al coronel Vásquez

con el estado mayor

y una compañía de la Guardia de Honor,

mandada por el capitán

 Juan Ángel Bravo,

quienes lograron rechazarlos

                               y continuó batiéndose

con la caballería enemiga

por su espalda.

Páez mide la longitud

de su Estado Mayor

en —treinta y cuatro individuos,

entre

jefes

y oficiales

agregados a él.

y  no demora el reconocimiento

hacia el oficial Bravo, de quien va a decir

—luchó con tal bravura

que se veían después

en su uniforme

las señales

de catorce lanzazos

que había recibido

en el encuentro,

sin que fuese herido,

lo que hizo decir al Libertador

que merecía un uniforme de oro.

Eduardo Blanco concuerda

en el elogio

hacia el oficial Bravo

pero no se olvida de otro lancero

—Mientras lucha

tan bizarramente

nuestra infantería…

atraviesa la difícil quebrada

 un grupo de jinetes

de la guardia de Páez,

encabezado

por el valiente Capitán

 Ángel Bravo,

y parte del escuadrón primero

de “lanceros”,

a las órdenes del Coronel Muñoz…

y en reconocimiento del primero

escribe

 —A las órdenes del impetuoso Vázquez,

parten a rienda suelta nuestros jinetes como dardos… 

y del oficial apureño dice

—“Burgos”,

fluctúa,

 no obedece

la orden

que le intiman

sus jefes,

de dar frente

 a los lanceros

 reunidos

de Silva

y de Muñoz;

y cargado de flanco

se desordena,

gira sin concierto,

y sirve de pasto a las lenguas

de acero

de nuestros escuadrones.

El parte oficial del coronel Briceño

corrobora parcialmente

las narrativas de Páez y de Blanco.

Reconoce que Nuestros batallones

apoyados

por el primer escuadrón

del Regimiento de Honor

del señor general Páez

y por el estado mayor

de este general,

desalojaron completamente

al enemigo de la altura

pero

aunque desalojado

de su primera posición,

pudo rehacerse,

y procuró

hacer una nueva carga

con su caballería,

mientras la nuestra

perseguían y despedazaban

á sus batallones que huían.  

inventariando que el número

de nuestros piquetes

de caballería

del primer escuadrón

del Regimiento de Honor

 y el estado mayor

del señor general Páez,

oscila de

80 ó 100 hombres

y ellos solos bastaron

para rechazar

y poner

en derrota

toda la columna

de caballería enemiga.

¡Esto debe leerse correctamente!

Evitar confundir el árbol con el bosque.

Es dictamen de Bolívar

—El ejército libertador

 tenía igual fuerza

que el enemigo,

pero no más

que una quinta parte de él

ha decidido la batalla.

En términos militares,

esto contextualiza

solo un fragmento —y no el todo— de la batalla

como tan certeramente lo advierte Lecuna

al asentar que siempre empeñado Bolívar

—en exaltar la moral de sus tropas

exagera

al afirmar

que solo una pequeña parte

 decidió la victoria.

De la segunda división —dice Bolívar—

no entraron

 en acción

sino

dos

compañías

del batallón Tiradores,

pero esto fue

para conquistar

la entrada a la llanura,

pues en realidad

todo el ejército

tomó parte en la lucha en el curso de la batalla.

Esta consideración de Lecuna empalma

con la justificación que ofrece Briceño Méndez

al declinar

 ante

el Vicepresidente Interino de la República

el acto de recomendar particularmente

a algún jefe u oficial en la batalla,

—porque sería necesario mentar

en esta parte los nombres

de todo el ejército…

O’Leary con un pulso más sereno

recuenta las cifras dadas por Bolívar

—La fuerza española

era un poco inferior a la republicana,

pero apenas la mitad de esta se batió.

Y en su criterio mucho mayor,

fue la pérdida en jefes y oficiales

del lado de los patriotas,

—en las filas

         sólo

la primera división

y el batallón Tiradores

de la segunda

sufrieron numerosas bajas.

No tenía El ejército libertador

igual fuerza que el enemigo.

Y si no se puede dejar de citar,

no es sino dolorosa,

Nuestras pérdidas: estas no se contaron

pero seguramente fueron

mucho mayores de los 200

muertos y heridos.

La mismas medidas militares

 tomadas por Bolívar

en el camino de Valencia a Caracas

están reñida con su indicación

—Este ejército ha dejado de serlo.

Ello es válido si no se deja de observar

que la fuerza opresora mantenía aún

una cifra preocupante. De lo contrario

el asalto de Puerto Cabello

y la batalla del Lago de Maracaibo

no se hubiesen dados.

Esto sin tomar en cuenta

la cifra de los realistas

 que siguieron alzados en los montes.

 

Lecuna presenta un mejor cuadro

de este momento de la batalla

a partir del instante

de la entrada en acción

de las dos compañías

 de Tiradores

pródigo en señalar muchas omisiones

—Mientras tanto

la división Sedeño

ascendía a la sabana

a la derecha de Páez;

dos compañías del batallón Tiradores

entraban en línea con Apure y Británico

y pronto acudieron las restantes.

Renovada la lucha con furor,

y llevando los españoles

la peor parte,

replegaron y se detuvieron

a pie firme

en una ondulación del terreno.

El batallón de la Reina en marcha

al trote en su socorro,

fue interceptado

por los de Boyacá y Vargas,

de la división Sedeño,

al penetrar estos a la sabana.

Dos regimientos realistas

Húsares de Fernando VII

y Carabineros

avanzaron

 a la derecha de su línea

a cargar de flanco.

Páez envió a recibirlos

 a su estado mayor

y una compañía

de su guardia,

 en junto unos 100 lanceros selectos

y logró rechazarlos,

mientras el resto de su caballería

entraba a la llanura

y se extendía hacia la izquierda.

Algunos escuadrones realistas

avanzaban a cargar de nuevo

cuando Páez reuniendo sus jinetes

les dio una formidable carga

y los puso en derrota.

El Libertador había apresurado

la entrada a la llanura de la división de Sedeño

y enviado orden a Páez

con el edecán Ibarra

de avanzar sobre los enemigos.

La Torre llevó

al fuego

el batallón Barbastro,

pero recibido este cuerpo

de frente por Páez

y atacado de flanco

por la caballería

 de Rondón,

de la división Plaza,

 que había entrado

por el camino real,

fue destruido.

Los batallones españoles,

dando frente a retaguardia,

habían entrado

en la lucha

sucesivamente

en condiciones desventajosas.

Sólo el Infante y Valency

situados hacia el sur

no habían sido empeñados.

Por el avance

de las tropas

de Plaza

el ejército real

casi cercado

y en parte batido,

perdió su moral.

A La Torre se le escapó

la dirección,

no fue obedecido

por el famoso

regimiento

de Lanceros del Rey,

y este cuerpo

y otros

de la caballería

de Morales,

temiendo quedar prisioneros,

huyeron por el camino del Pao.

Cundió el pánico

y los grupos

 de infantería

todavía resistiendo

se dispersaron

o se entregaron.

Decidida la acción

Páez

cayó víctima

de un ataque nervioso

frecuente en él.

La Legión Británica

 triunfante

de los más fuertes choques

de la infantería española

 perdió a sus principales jefe,

Farriar

 y Davy,

y a muchos otros oficiales.

 

…aquel terrible ataque que me privaba del sentido

Páez se atribuye

la intimación

de rendir

a —Los batallones realistas

Valencey y Barbastro…

momento en el cual cayó el general Plaza

aduciendo que

—deseoso de tomar parte

personalmente en la refriega.

Durante la carga,

una bala hirió

 mortalmente

a tan valiente oficial

que allí terminó sus servicios a la patria.

El alegato de Lecuna difiere no solamente

en la sustitución de Barbastro

por el batallón Infante

sino en la concurrencia de fuerzas

que acudieron a la rendición

—En ese momento

 los batallones

del Infante

y Valency

intentaban replegar:

alcanzado el primero

y cortado

por los

batallones

Rifles

y

Vencedores

de la 3ª. división

se entregó,

pero

 en su última descarga

derribó al general Plaza

quien se avalanzó

sobre sus filas

a rendirlo

acompañado del edecán Ibarra

 y del teniente coronel Celis.

 

Y poco después —continúa Páez

 —Reforzado yo

 con trescientos

hombres

de caballería,

… cargué con ellos a Barbastro

y tuvo que rendir armas:

 en seguida fuimos sobre Valencey

que iba poco distante

de aquel otro regimiento

y que,

apoyándose

en la quebrada

de Carabobo,

resistió la carga que le dimos.

Es el momento en el que Páez

repentinamente lo acomete

aquel terrible ataque

 que me privaba del sentido,

me quedé en el ardor de la carga

entre un tropel de enemigos.

Pero también es el momento

en que —el valiente general Cedeño,

inconsolable por no haber podido

 entrar en acción

con las tropas de su mando,

avanzó con un piquete de caballería,

hasta un cuarto de milla

 más allá de la quebrada,

alcanzó al enemigo,

y al cargarle

cayó

muerto

de un balazo.

Por su parte Lecuna, apuntando hacia

el derribo del general Plaza, añade

que —Aprovechando

estos momentos

Valencey logró retirarse, sin ser envuelto.

El Libertador puso en orden

a los escuadrones

vencedores,

a las voces de

“orden,

orden,

acordémonos

de Semen”

y los lanzó tras de Valencey:

Sedeño y Mellado

 los condujeron

y ambos murieron

en sucesivas cargas

al batallón formado en cuadro.

Al aparecer Páez restablecido,

las tropas prorrumpieron en vítores,

y Bolívar, en nombre del Congreso,

le ofreció el grado de general en jefe.

La victoria había sido completa.

La llanura estaba cubierta de despojos.

 

—Mi general muero con gusto

Cedeño muere abrazado a un tambor

En torno a estos dos infortunados sucesos

Lecuna no deja de expresar que

—El Libertador se acercó

a consolar al general Plaza,

y él le contestó:

“Mi general, muero con gusto

 en este campo de victoria,

y en el punto más avanzado

adonde no llegó Páez”.

Sedeño cayó

casi

en

las filas de Valencey

con una mortal herida en la cabeza.

El valiente Tomás García,

comandante de Valencey,

dejó un tambor que lo sostuviese

recostado sobre su pecho,

mientras llegasen otros a socorrerlo.

De estos dos jefes comenta O’Leary

—Plaza era un joven

de grandes esperanzas.

Cedeño se distinguía

 más

por

su extraordinario

valor

que por

sus conocimientos.

La muerte de estos dos jefes

 fue justamente llorada en el ejército.

Bolívar que al primero dio el titulo

—del bravo

de los bravos

 de Colombia…

refiere que su División

—ve a su jefe estrellarse él sólo

contra una masa de infantería

al modo que merecía terminar,

su —noble carrera …

—ninguno más valiente que él,

 ninguno más obediente al gobierno.

y va sostener del

 intrepidísimo coronel

Plaza,

que

lleno de un entusiasmo

sin ejemplo,

se precipitó

sobre

un batallón

enemigo

á rendirlo.

 

La persecución hasta Valencia

Ya a estas alturas del combate

el resultado estaba lejos de la duda

—Nuestra caballería

…iba recibiendo refuerzos

de todos los escuadrones

…hizo la persecución

 con un vigor

extraordinario.

Batallones enteros

se tomaron

prisioneros,

otros, arrojaron sus armas,

se dispersaron

disueltos

por los bosques.

pero también señala Eduardo Blanco

que la angustia de Bolívar era otra

situado ya ante la encrucijada

en el mismo campo de batalla

de una victoria

—sin que fuera posible conseguir

que todo el ejército español

quedase prisionero.

Y entonces se abre

 un nuevo campo de batalla

—Hasta las inmediaciones

de Valencia

vino el ejército persiguiendo la columna,

y fue en esta operación

donde el ardor

de nuestros

jefes

y oficiales

de caballería

hizo sensible nuestra pérdida.

Páez que en su narración

en no pocas veces

asume el lugar del sol

asevera que —Apenas repuesto del ataque

… animé a mi infantería

a continuar la persecución;

y por fin atribuye a Bolívar

que sabiendo este general

que aquella arma había agotado

 en el combate todas sus municiones,

mandó a los batallones

Rifles

y Granaderos

perseguir al enemigo.

pero una copiosa lluvia

tornó las barrancas de las quebradas

tan sumamente resbaladizas,

y en efecto no pudimos

—perseguir al enemigo

con la celeridad que deseábamos,

y sólo así pudo librarse Valencey

y los restos del ejército español

de ser hechos prisioneros.

Páez asegura que —Acosaban

de cerca

al enemigo

sólo cincuenta hombres de caballería

y unos

cuantos

jefes

y oficiales

que habían dejado sus cuerpos

para de alguna manera

 tener parte

 en la victoria.

O’Leary le reconoce a Páez

su desempeño ejemplar

en este momento

de la persecución

no sin antes puntualizar

que —La Torre, abandonando su artillería

se retiró con la reserva

y parte de la caballería.

Participa del mismo criterio de Páez

—El Libertador le persiguió

con Granaderos,

Rifles

y la caballería de Páez,

pero destaca una cualidad del enemigo

—era tanta la disciplina

de la infantería española

y tanta la habilidad

con que la condujo

el general realista,

que pudo recorrer en buen órden

una distancia

de seis leguas

en país abierto,

cortado de trecho en trecho

por profundas

quebradas

 y bosque,

sin mayor pérdida,

 á pesar

 de las

repetidas

cargas

de la

caballería

 colombiana,

animada

con el ejemplo

del denodado Páez

y la presencia

 del mismo

 Libertador.

O’Leary al destacar

otro elemento

a favor de los perseguidos

—Los infantes españoles

no habían

entrado

en pelea

durante el día,

ni sufrido

 las fatigas

de las penosas

marchas

de la campaña,

que tanto

 habían quebrantado

 al soldado

colombiano,

y sus caballos,

por la misma razón,

estaban

 en mejor estado

que los de los patriotas;

y —no obstante estas ventajas

el batallón Valencey

fué  el único cuerpo

que logró llegar á Valencia.

El parte del coronel Briceño Méndez

habilita parte de la opinión de O’Leary

al advertir que —nuestra infantería,

estropeada

con las largas marchas

de la —campaña,

no podía sostener

el paso

de trote

que llevó el enemigo por seis leguas,

y en consecuencias, —nuestra caballería

 se empeñó en entretenerlo

para dar tiempo

á que llegasen algunos batallones.

Y observa —A veces las escaramuzas

 se convertían en cargas que,

aunque costaron

bastante al enemigo,

causaron á la república el grave dolor

 de perder

á uno de sus más esclarecidos generales

y al bravo teniente coronel Mellado,

que mandaba los Dragones de La Guardia

El coronel Briceño Méndez, testifica

— S. E. temió que si entraba á Valencia

no era posible

impedirle

el paso

á Puerto Cabello,

 y á una legua de aquella ciudad

hizo que los batallones

Rifles

y Granaderos

 de la Guardia

montaran á caballo

y fuesen al galope

a su alcance.

O’Leary atestigua de la misma forma

—En vano se esforzó el Libertador

por impedirlo,

á este fin ordenó que quinientos

infantes

de Granadero

y Rifles

montasen á caballo

para alcanzarlos

y cargarlos;

pero era ya casi de noche

cuando se divisó el cuerpo

que iba en retirada,

y gracias á lo agrio del terreno

y á la oscuridad que vino en su auxilio,

pudo librarse de la persecución.

Páez testimonia algo muy parecido

al tiempo que difiere de la cantidad

mencionada

por O’Leary

y describe algunos elementos del paisaje

—viendo Bolívar

que ya el enemigo

se acercaba

a la ciudad de Valencia,

dispuso que doscientos granaderos

montasen a la grupa de los jinetes

para ir al trote a alcanzar al enemigo

que encontraron desfilando

 por la orilla de la ciudad,

camino a Puerto Cabello.

Cambiamos algunos tiros con él

en los corrales

que están a la entrada

de las calles de Valencia,

y yo creyendo

que iba a hacerse fuerte

en el centro de ella,

me metí hasta la plaza

que hallé enteramente desierta.

Todas las puertas y ventanas

 de las casas estaban cerradas

y no se veía ni una sola persona …

Por su parte Lecuna prefiere

destacar de esta última jornada

con más coincidencias que divergencias

que —Viendo el Libertador

que se escapaba este batallón,

dentro del cual

se hallaban

La Torre

y muchos oficiales superiores,

hizo montar

en la grupa de los jinetes

 a los soldados

de Rifles

y Granaderos,

de la división Plaza,

para darle alcance,

pero Valencey, cerca de Valencia,

rechazó los ataques de la infantería

como había rechazado los de la caballería.

 En su retirada atravesó a Valencia

velozmente

y a las diez de la noche llegó al pie de la serranía.

 

La Muerte del coronel Mellado

y la suspensión de la persecución

En cuanto al costo de esta persecución,

indica Páez que —Varios fueron heridos,

entre ellos el comandante

José de Lima,

portugués.

El coronel Mellado cayó muerto

en la quebrada de Barrera,

así como el teniente Olivera

en Tocuyito.

pero la caída de Mallado

no podía darse sin ningún

alarde de heroísmo

Recogió Eduardo Blanco

el forcejeo que a una cuarta

antes de recibir el golpe

que lo privó del resuello

libró con uno de los suyos

que pretendió cambiar su vida

por la del jefe

—“Compañero,

 por delante de mí,

 la cabeza de mi caballo”.

—le grita blandiendo

con orgullo

 su poderosa lanza.

Es más fácil demostrar

que el coronel

Briceño Méndez

en esto de las acciones

a las alturas de la persecución

a las puertas de Valencia

está más próximo

que distante

de la aseveración de Páez

 —Casi al entrar

á las primeras calles

de aquella ciudad

tuvieron nuestros Granaderos

la fortuna de alcanzarla;

pero apenas

se vió cargada

por ellos,

cuando se dispersó

y desapareció del todo.

Valencia fue ocupada en el acto,

y algunos destacamentos

siguieron hasta Naguanagua,

 persiguiendo á los jefes españoles

 que huían hácia Puerto Cabello.

Páez añade a su testimonio

que mientras él

buscaba

el camino

de Puerto Cabello,

—vino el coronel Diego Ibarra,

edecán de Bolívar,

a decirme que el enemigo

estaba en el puente

que de Valencia conduce

al camino de Caracas… 

Volví atrás…

Cargamos entonces

a los que estaban

 en el puente,

matamos a los dos húsares

que nos habían

hecho fuego

poco antes,

y pusimos

en desordenada

fuga

a todos sus compañeros

que a escape huyeron

por el camino

de Vigirima

en dirección

a Puerto Cabello.

En aquel momento llegó la noche,

y el Libertador mandó suspender

la persecución del enemigo.

El ejercito realista,

fatigado

de la marcha

precipitada

que había hecho desde Carabobo,

pasó la noche al pie del cerro,

a tres leguas

 de Valencia,

y la mañana del día siguiente

 empezó a subirlo

 y logró entrar

en la plaza

de Puerto Cabello.

 

Bolívar en Valencia

Sobre la ocupación de Valencia

 por parte del Ejército Libertador

Lecuna no deja de asegurar

que —Valencia fue ocupada

en la misma noche,

y de allí destacó el Libertador

tres batallones hacia Montalbán,

al mando del coronel Las Heras,

a tomar la espalda del coronel Tello,

 y al amanecer envió al coronel Rangel

con otros tres hacia Puerto Cabello.

Dejó la caballería al cuidado del general Mariño

y tomó el camino de Caracas,

acompañado

por Páez

y Briceño Méndez,

y seguido

por el escuadrón del coronel Muñoz

y de los batallones

Anzoátegui,

Granaderos

y Boyacá

al mando de Arguindegui, Manrique y Flegel.

 

Bolívar otorga a Páez el último rango en la milicia

y refiere a unos de sus lanceros de valiente coronel Muñoz

Evitando tal vez,

caer

en el temido terreno

de la injusticia

el coronel Briceño Méndez

dice

—V. E. estrañará

 que no haya

recomendado

particularmente

á ningún jefe

ni oficial en la batalla,

porque sería necesario

mentar

en esta parte

los nombres

de todo el ejército,

por lo ménos

los de toda

 la 1ª división

y de todos

 los jefes

de las otras.

Generales, jefes, oficiales y tropa,

todos indistintamente

se han manifestado

en este memorable día,

dignos defensores de la República.

Pero esta sugerencia era inútil.

Desde el mismo campo de batalla

y como está escrito

en la comunicación

del día siguiente de la batalla

Bolívar

 conservaba

     fuera

 del universo

de la duda

al jefe acreedor

 de la mayor recompensa

—La conducta del general Páez

                                               en la última

y en la más

gloriosa victoria

de Colombia,

 lo ha hecho acreedor

al último rango en la milicia,

y yo en nombre del congreso,

le he ofrecido en el campo de batalla

 el empleo de general en jefe de ejército.

Y junto a Páez destaca el desempeño

—del regimiento de caballería

del valiente coronel Muñoz

y asevera que —Nada hará jamás

bastante honor al valor de estas tropas.

En ese escrito Bolívar cubrió de oro

lo que tenía decir de Cedeño y Plaza

A Heras lo tilda de benemérito comandante.

E igual calificativo le da al coronel Ferrier

y expresará de —El batallón Británico

que —pudo aún distinguirse

entre tantos valientes

y tuvo una gran pérdida de oficiales.

No menos encomiable es el gesto

de Bolívar para otros de sus tenientes

—El coronel Rangel,

que hizo como siempre prodigios

 

Páez lamenta la muerte de Camejo

y Bolívar la tildó de una desgracia

Páez por su parte,

en el orden

 de lo lamentable,

 enumera acerca

de  —Los oficiales

de mi estado mayor

que murieron

en esta memorable

acción

—Coronel Ignacio Meleán,

Manuel Arraiz, herido mortalmente,

capitán Juan Bruno,

teniente Pedro Camejo

(a) el Negro Primero,

teniente José María Oivera,

y teniente Nicolás Arias.

Y añade Páez

 Entre todos

con más cariño

recuerdo

a Camejo,

generalmente conocido

entonces

con el sobrenombre

 de “El Negro Primero”,

esclavo un tiempo…

Cuando yo bajé

a Achaguas

después de la acción del Yagual,

se me presentó este negro,

que mis soldados de Apure

me aconsejaron incorporase al ejército…

… sus mismos compañeros

le dieron el título

de El Negro Primero…

El día de la batalla,

a los primeros tiros,

cayó herido mortalmente,

y tal noticia produjo después

un profundo dolor

en todo el ejército.

Bolívar cuando lo supo,

la consideró

como una desgracia

y se lamentaba

de que no

le hubiese

sido dado

presentar en Caracas

 aquel hombre

que llamaba

sin igual

 en la sencillez,

y sobre todo,

admirable

en el estilo

peculiar

en que expresaba

sus ideas.

 

Lo que nos falta por saber

El ejército de Apure no lo conformaban solo apureños

¡Seguimos sin saber cuantos

de los que conformaban las tropas de Páez

provenían del Apure y más concretamente

de la entonces villa de Achaguas!

Sabemos de Muñoz y de Farfán

y de Negro Primero pero incluso

a estos dos últimos le han disputado

su nacimiento en Apure…

y Argenis Méndez terciando en esta disputa

y sobra la base de documentos

se inclina por considerar a Achaguas

el lugar donde nació Negro Primero

dada la relación de sus propietarios

con nuestro Pueblo…

 

Eduardo Blanco ofrenda algunos rumbos

en la organización general del ejercito

y afianza más que en una hipótesis

en un firma indicio

de un ejército multinacional

y donde a nivel de oficialidad

en el ejército de Apure

predomina la convergencia

de llaneros no nacidos en Apure.

En la composición de este ejército

no se puede dejar de observar

un rasgo determinante del poblamiento

o esa especie de bocado ansiado

de los españoles criollos

de Cojedes, Barinas y Calabozo

por adueñarse de estas tierras

al otro lado del Apure;

y del otro hecho del que advierte O’Leary

en el tomo 27 de sus Memorias

Las extensas llanuras …

 brindaban asilo seguro

á las tropas realistas en sus reveses.

Los invictos hijos de Apure

no se habían decidido todavía

por la independencia;

y en San Fernando,

principal ciudad de aquellas comarcas,

hallaban simpatías

y protección

los jefes fugitivos

de Barinas y otros lugares,

que se habían distinguido

en la lucha con los independientes.

Allí les fue fácil

rehacer sus fuerzas,

allegar adictos

y promover insurrecciones parciales,

doblemente temibles

para los patriotas,

por la naturaleza del terreno

y la clase á que pertenecían los instigadores.

Necesariamente esto conduce

a no dejar de apreciar a todas estas llanuras

situadas del otro lado del Apure

como una zona de refugios de perseguidos.

La misma aparición de Páez

y la organización de su ejército

fundamenta a esta zona de espacio liberado.

La sola lista que Páez presenta

de los primeros combates

que lo hicieron temible

atestigua sobre esta tendencia

de patriotas venidos de todas partes.

 

Eduardo Blanco asegura que la primera división

—a  las órdenes de Páez,

tenía por Jefe

de su Estado Mayor

al esforzado Vásquez,

y la formaban

el batallón “Bravos de Apure”,

mandado por Juan Torres; 

el regimiento inglés,

denominado

“La Legión Británica”,

a cuya cabeza

se encontraba

 el Coronel Farriar,

y 15 escuadrones de llaneros

en número de 1.500 lanzas,

acaudilladas

por los héroes

de “Mucuritas”,

“La Mata de Miel”

y “Las Queseras”,

entre los que brillaban

por su intrepidez reconocida,

Muñoz, Juan Gómez, Borras, e Iribarren,

Figueredo y Mellado, Laurencio Silva,

 Bravo y Carbajal, Paredes y Camejo,

conocido con el glorioso apodo de El Primero.

La Segunda División

regíala el General Cedeño,

el bravo de los bravos…

 y el Coronel

Judas Tadeo Piñango,

y contaba en sus filas

 los batallones

“Tiradores”,

mandado

por el fogoso

 Héras;

“Boyacá”,

ilustrado en el campo

a que debía su nombre,

a las órdenes

de Flégel y de Smith;

“Vargas”,

que recordaba

el reñido

combate

del Pantano,

sobre

 la tierra andina,

presidido

por

Patria,

y el

“Escuadrón Sagrado”,

cuyo jefe,

el terrible

 Coronel

Aramendi,

valía él solo

 por todo un regimiento.

—Mandaba la tercera división

el denodado

Coronel

Ambrosio Plaza,

y era Manrique

 su segundo,

y Woodberry

el Jefe

de su

               Estado Mayor.

Componíase

de la 1ª Brigada

de la guardia

del Libertador,

la cual formaban

 los batallones

“Rifles”,

que llegaban

de combatir

en Cartagena

y Santa Marta,

y que

a nuevos

combates

conducía

su bizarro

Comandante

Arturo Sandes;

“Granaderos”,

probado

en tres

campañas,

al que regía

 el Coronel

Juan Uslar;

“Anzoátegui”,

cuyo solo

 nombre

simboliza

una

de nuestras

más puras

y merecidas

glorias,

mandado

por Arguíndegui;

“Vencedor”,

premiado

en la jornada

 del 7 de agosto

de 1819,

a que debió

su libertad

el pueblo

granadino,

a las

órdenes

del Teniente coronel

José Ignacio Pulido;

y el regimiento

de caballería

del esforzado

Coronel Rondón,

afamado

por sus múltiples

y brillantes proezas.

—Allí, en las filas

de aquel pujante ejército,

figuraban también

el General Mariño,

primer caudillo

de las

provincias

orientales;

el Coronel Briceño Méndez,

Secretario de Guerra;

el Coronel Salom,

sub-jefe

del

Estado Mayor

General del ejército;

el Coronel Juan José Conde;

el bizarro Coronel

Diego Ibarra,

primer Edecán

del Libertador;

así como

los Comandantes

Ibáñez y Umaña

y el Capitán O’Leary,

ayudante de campo;

y los Flores, Melián, Ramos,

Arraís, Rangel, Miguel Zárraga,

Celis, Cala y Sagarzazu;

Alcántara, Gonell,

Domingo Hernández,

Davy, Minchin, Asdhoun,

Wuer, Flinter, Meyer y Piñeres,

José Escolástico Andrade,

Briceño, Calderón, Acevedo

y otros muchos

valientes cuyos

nombres guarda

la tradición

con amor

y respeto. 

 

El hito del traslado de seis mil animales

de Achaguas a Carabobo

Pocas dudas caben del desempeño

de la división en que Bolívar concentró

el peso de la victoria en Carabobo

en su parte dado el 25 de junio

al vicepresidente de Colombia

y en el que Bolívar destaca

el servicio del —El bizarro general Páez,

á la cabeza

de los dos

batallones

de su división

y del regimiento de caballería

del valiente coronel Muñoz…

al que le atribuyó

—que en media hora

todo el ejército realista

—fue envuelto y cortado.

y en consecuencia,

—Nada hará bastante honor

al valor de estas tropas.

Sin omitir además que

—El batallón Británico,

mandado

 por el benemérito

coronel Ferrier,

pudo aún distinguirse

entre

 tantos valientes

y tuvo

una gran

pérdida de oficiales…

Es de colegirse

que esta intrepidez

aludida por Bolívar

y la alta cifra de oficiales

de la legión británica

que no vacilaron

en ese trueque tan particular

que subasta la vida por cumplimiento del deber 

esa disposición de morir pelando por la República.

El aporte del llano y los llaneros

además de las cifras visibles

 de los combatientes

presentes en Carabobo

debe comenzar por la lectura

de la otra carga

del orden de las vituallas

con la que Páez se incorpora

 en San Carlos

 a las tropas de Bolívar

una y otra vez

encomendada

por su superior

con el acento

que decreta

la urgencia

de lo imprescindible

—dos mil caballos de reserva

y cuatro mil novillos,

según el testimonio de Páez.

Eduardo Blanco cuelga

una bella imagen

—los vistosos arreos…

y uno entonces está en su derecho

de imaginarse esa larga marcha

de tropas

de hombres a pie

y de hombres a acaballo

ganao y caballos

y aquellas villas

 tan extensas en tierra

tan pobres en gente

abandonadas apenas

oyen

a la distancia

los cascos de cualquier cabalgadura

de cualquier ejército

que se aproxima…

rodeada de hatos

de corrales

y de sembradíos

y uno piensas en esa subidas

entre Las Palmas y Tinaquillo

y en el posible retrato

 en blanco y negro

de aquella caravana…

Mal vestido

hambriento

nuestro ejército…

 

Aun aguardamos por saber

que marca o hito representa

el traslado de 6.000 animales

desde el Apure hasta San Carlos

—por lo menos—

el tema no deja de ser apasionante

y junto a esto

todo el hecho de servir Apure

de sitio

de concentración

de tropas

con su respectivo

adiestramiento

y toda la lógica que supone

la preparación de una campaña

que tiene como niña de los ojos

una batalla decisiva

cuya derrota suponía por lo menos

la pérdida de lo conquistado

hasta entonces.

El aporte militar de los llaneros

debe iniciarse con el hecho

del largo trayecto recorrido

sin ser precisados por el enemigo

desde Achaguas hasta San Carlos

El otro hecho de ocupar Cedeño

el puesto de vanguardia

en las tropas de Bolívar

La tarea de José Laurencio Silva

cumplida exitosamente en Tinaquillo

Y aparte del reconocimiento

de Bolívar hacia Páez y Muñoz

—Nada hará jamás

bastante honor al valor de estas tropas…

y del subrayado de Briceño Méndez

—porque sería necesario

mentar

en esta parte

los nombres de todo el ejército,

por lo ménos

los de toda la 1ª división...

Eduardo Blanco —por su parte— suma

—la artillería asaltada

por Piñango y Manrique…

y además no se olvida de subrayar

el aporte del llano y los llaneros

y su legado como escuela de guerra

—Siguiendo su acostumbrada táctica,

nuestros llaneros acometen,

chocan y retroceden…

pero también los otros actos

que aprendieron

 desde la época de Boves

—nuestros llaneros triunfadores…

arrebatan los toldos de las tiendas

 que han de servir de manta a sus caballos…

Eduardo Blanco cuelga

otra imagen delatora

del papel cumplido por las tropas llaneras

en la persecución de los derrotados

en la escabrosa ruta de Valencia

—A las constantes embestidas

de los jinetes del Apure,

opone “Valancey” la solidez

de sus compactas filas,

la enérgica voluntad que le domina.

El trueno  de sus descargas

estremece de nuevo la llanura;

las enristradas bayonetas

se clavan en el pecho de nuestros caballos

 y la lluvia de balas que arroja de su seno

la improvisada fortaleza,

postra a sus pies

                a los más esforzados

y rebota sobre las alas

de nuestra espléndida victoria,

provocando sus iras.

 

La lectura correcta de la victoria

Carabobo duró lo que el relámpago

en poco más de medio día de enfrentamientos

¡Esto debe ser leído en su contexto!

De lo contrario no se mide en toda su magnitud

Guinán sostiene

que la sabana de Carabobo,

es ese punto equidistante

 entre Tinaquillo y Valencia,

Briceño Méndez y O’Leary

miden

seis leguas

entre Carabobo y Valencia…

Permítaseme un corte:

                                               El ejercito de Bolívar

al llegar a Carabobo

viene de esguazar seis leguas

por —montes y desfiladeros

—observa Bolívar.

En su comunicación del día siguiente

de la batalla, Bolívar escribe

—Reunidas las divisiones

del ejército libertador

en los campos de Tinaquillo

el 23, marchamos ayer

por la mañana

sobre el cuartel general

enemigo

 situado en Carabobo…

Bolívar asegura que

—A las 11 de la mañana

desfilámos

 por nuestra izquierda

al frente

del ejército

enemigo

 bajo sus fuegos…

Y que ya

—en media hora

todo él fue envuelto y cortado.

Pero de aquí

de Carabobo

el combate se extendió

 hacia el camino escabroso de Valencia

y la persecución duró hasta la llegada de la noche

en la que Bolívar ordenó suspenderla…

Las seis leguas que separan

a Carabobo

de Valencia

las cubrió el ejército invasor

al paso de trote

Páez en su testimonio observa

—viendo Bolívar que ya el enemigo

se acercaba a la ciudad de Valencia,

dispuso que doscientos granaderos

montasen a la grupa de los jinetes…

O’Leary observa

—En vano se esforzó el Libertador…

ordenó que quinientos infantes

 de Granadero y Rifles

montasen á caballo

para alcanzarlos y cargarlos;

pero era ya casi de noche ..

Briceño Méndez indica la distancia

en la que Bolívar tomó la decisión

 de montar la infantería a la grupa

á una legua de Valencia

—S. E. … hizo que los batallones

Rifles y Granaderos

de la Guardia montasen á caballo

 y fuesen al galope a su alcance…

 

Desde por lo menos las 11 de la mañana

hasta la llegada de la noche

aquellos hombres

separados por los ámbitos

de la libertad y la opresión

libran una guerra a muerte

sujetos ambos

de una terrible fidelidad

de un ardor terrible

en que unos

 defienden al Rey

y los otros la patria

 

Asegura Eduardo Blanco

que desde el momento

en que Páez comienza

a internarse en la trocha

—en la estrecha vereda

y los otros cuerpos permanecen

en el camino real resguardados

de los fuegos

del enemigo

al momento en que

—en medio del estrépito

de las descargas enemigas,

se percibe otro lejano ruido,

débil en su principio,

entrecortado,

luego vivo,

violento al fin

y repetido

como un inmenso redoble de tambores.

…y mil voces robustas

 se elevan vitoreando la división de Páez…

 

Entre uno y otro momento

—Transcurre

 una hora

con desesperante lentitud…

es mediodía… 

Guinán expresa que la lucha comienza

—de un modo terrible

 a las 11 de la mañana,

y dos horas después

estaba ganada

por el Ejército colombiano…

Por su parte Gil Fortoul sostiene

que —Menos de una hora había durado la batalla.

Ya hemos visto la aseveración de Bolívar

en media hora todo el ejército enemigo

—fué envuelto y cortado.

Bien puede acreditarse

la imagen de Eduardo Blanco

—“Carabobo” duró lo que el relámpago…

 

Las dos grandes angustia de Bolívar

Hay por lo menos dos cumbres de angustias

en estos largos siglos en que Bolívar

espera por el resultado de la batalla

la concreción de su plan

trazado en Buenavista

—Entre tanto, la frente erguida,

luminosa la mirada,

los brazos cruzados sobre el pecho

 y sueltas las riendas

sobre el cuello de su caballo,

sigue Bolívar los movimientos

de las tropas de Páez;

y sereno

 y confiado

en su radiante estrella,

observa al enemigo,

y aguarda tranquilo

el instante oportuno

de mover

 contra él

todo el ejército.

A esta angustia le sucede otra

Mayor que la impaciencia

experimentada

por Bolívar

con el retardo

de las dos divisiones

—Cedeño y Plaza—

—fue su angustia, cuando al flanquear

 el enemigo,

miró resuelta la batalla

por el heroico

empuje

de Páez

y sus soldados,

sin que fuera

posible

conseguir

que todo el ejército español

quedase prisionero.

Vencedora, pero destrozada,

no era dable a la 1ª división

rendir a sus contrarios…

 

angustia por la que no dejó de actuar

por lo menos hasta

una legua de Valencia

en que ordenó a la infantería

montasen á caballo…

 

y en conteste con Briceño Méndez

—fué en esta operación

donde el ardor

de nuestros jefes

y oficiales

de caballería

 hizo sensible

nuestra pérdida.

El trazo rítmico de Eduardo Blanco

—presencia entusiasmado

los esfuerzos de Páez

por sellar aquel día

 la más gloriosa

página

de su historia inmortal.

la corroboran o tiene eco en él

la estima de Díaz Sánchez

—En el propio terreno

 Bolívar

se acerca a Páez

y le dice:

«General,

 a nombre

del Congreso de Colombia,

en premio de vuestro valor

y de vuestro amor a la patria,

os ofrezco el grado de general en jefe».

Hubiese podido decirle también:

«Vea usted, general,

cómo es posible

 coger el cielo con las manos».

en legitimo desquite de la carga anterior de Páez

en la antesala de Boyacá

y los días aquellos

del cruce de la Cordillera.

 

El día después de Carabobo

De las operaciones posteriores del ejército

en los días subsiguientes de Carabobo

es muy poco o nada lo que deja fuera

el resumen de Guinán

—La victoria

de Carabobo

abrió al Libertador

las puertas de Caracas.

Allí se ocupó

en complementar esa victoria

y en echar las bases

de una administración regular;

y después de haber dictado órdenes

para rendir a los realistas

que aún resistían en Puerto Cabello,

de someter al Jefe español Pereira

 y a sus tropas,

de confiar al General Soublette

las funciones de Vicepresidente

                                               de Venezuela

y al General Páez

el cargo de Jefe civil

y militar de la Provincia,

partió de Caracas el 1º de agosto

con rumbo a Bogotá, por la vía de Valencia…

 

Pero antes de partir hacia Caracas

el día después primero de la batalla

testifica Páez que —El 25 de junio

Bolívar, dejando a Mariño,

jefe del estado mayor,

al frente de las tropas en Valencia,

marchó conmigo

y un batallón hacia Caracas,

a cuya ciudad

—evacuada por Pereira

 así que supo la derrota

de los realistas en Carabobo

y la proximidad del Libertador—

llegamos el 29 por la noche.

Menos económico es Briceño Méndez.

—Por los prisioneros tomados,

supo S. E. que el día ántes de la batalla

había marchado el coronel español Tello

con dos batallones,

Navarra

y Barinas,

á reforzar á San Felipe,

ignorando el enemigo

que la columna

 del señor coronel Carrillo

la había ocupado ya.

En consecuencia,

—S. E. destacó del Tocuyito

al teniente coronel

Heras

con tres batallones,

á tomar la espalda de Tello

                                               y cooperar á batirlo

con el señor coronel Carillo.

Aún no se sabe el resultado final

de esta operación

que tal vez queda sin efecto,

porque Tello emprendió su retirada

 sobre Puerto Cabello

ántes de que nuestras tropas lo avistasen.

Igualmente informa Briceño Méndez

que —Al amanecer del 25,

marchó el señor coronel Rangel

á establecer

el bloqueo

de Puerto Cabello,

y desde el 26 quedó

formada

la línea de simple bloqueo,

porque era preciso aguardar

el complemento de nuestras operaciones

para estrecharla y formar la de sitio.

Y finalmente informa Briceño Méndez

que fue —Por la tarde del 25,

después de haber arreglado

el gobierno de Valencia,

organizando de nuevo el ejército

y destacando algunos cuerpos

sobre Calabozo

y el Pao

á perseguir los dispersos

que hubiesen tomado aquellas direcciones,

marchó S. E. sobre esta capital

con tres batallones

de su Guardia

y el Regimiento

de Honor

del señor Páez.

 

El trayecto de Valencia a Caracas

Lecuna con menos prisa

 que Páez y Briceño Méndez

por abreviar las distancias

entre Valencia y Caracas

se ocupa de las paradas de Bolívar

en este trayecto o camino

—De Valencia

y del tránsito

hasta la Victoria

el Libertador despachó

varios

 escuadrones

sobre el Pao y Calabozo

y algunas columnas

         a

Vigirima,

Patanemo,

Ocumare,

Cagua

 y

Villa de Cura

a perseguir los fugitivos.

A los dos primeros

de estos pueblos

y a esta última

huían jinetes llaneros

y hacia la costa de Puerto Cabello

algunos infantes

y muchos

de los Húsares españoles.

La partida despachada

a la Villa de Cura

tuvo orden de seguir a Ortiz

a destruir

 una reunión

de fugitivos

formada con intención de resistir,

y a los valles del Tuy

partió otra

a rendir las guerrillas locales.

Antes de la entrada de Caracas

Lecuna informa de una contramarcha

a la que se vio Bolívar obligado

puesto que —en el sitio de Las Lajas,

en la serranía de Caracas,

supo el Libertador

las grandes ventajas

de los enemigos

en la capital,

y como sólo llevaba

40 lanceros de escolta,

los adelantó hacia San Pedro

cerca de los Teques,

a los órdenes del edecán Ibarra,

y regresó a Las Cocuizas

 a acelerar la marcha

de los batallones para volver sobre Caracas.

 

Ese enemigo u obstáculo que obligó

a Bolívar a la prudencia

en las puertas de Caracas

iba a extender su lidia por unos días más

ya que Pereira  según el testimonio de Páez

—Al fin tuvo que capitular

con el Libertador

el día 4 de julio

cuando vio que no se presentaba

en el puerto ningún buque español…

refiriéndose al puerto de la Guaira.

Y tal como es constatable

en el parte de Briceño Méndez

este era el móvil de su traslado a Caracas

—Su objeto era tomar

 la espalda

de la división

con que el coronel Pereira

 perseguía

al señor general Bermúdez

sobre los Valles del Tuy…

y de lo que adelanta Briceño Méndez

que —El señor coronel Manrique,

con dos batallones

y un trozo caballería

había ido á buscarlo á Carayaca,

pero instruido de la dirección que lleva,

se ha puesto en su persecución…

 

Pereira no encuentra el camino de Puerto Cabello

El coronel Briceño Méndez

se ocupa del itinerario que escriben

los movimientos de Pereira.

de Caracas a La Guaira

se mueve a Carayaca

y sigue en —retirada

por los montes elevados

 y espesos bosques

que dividen

del mar

 á los Valles de Aragua.

Y finalmente agrega que

—El edecán Ibarra

marchó esta mañana

á apoderarse de La Guaira…

y ha participado

ya

su entrada

allí sin novedad.

y que —de 1.500 hombres

queda ya reducida á 600,

por las pérdidas en los combates

frecuentes

con el señor general Bermúdez

y por las deserciones

 que ha sufrido en la retirada.

O’Leary sostiene que Bolívar

—Supo el 30 del movimiento de Pereira

y envió al teniente coronel Ibarra,

su edecán,

con un piquete de dragones

á ocupar

 La Guaira,

lo que verificó;

pero á causa

de la contra marcha de Pereira,

tuvo que retirarse.

Noticioso el Libertador de lo que sucedía,

marchó á aquel puerto

con las fuerzas que habían llegado de Valencia.

Pereira, perdida

toda esperanza

 de socorro,

se entregó

en virtud

de la honrosísima

 capitulación

que le concedió Ibarra,

la que fue aprobada por el Libertador.

Lecuna sobre este peregrinaje

del acorralado brigadier Pereira

comienza por precisar

que —El brigadier español

tuvo noticia

de la derrota del ejército real

por dispersos llegados a la capital,

y al saber

que una partida suya

había sido batida

cerca de los Teques

por el edecán Ibarra

se retiró a La Guaira

a buscar un camino

por la costa

a

 Puerto Cabello

o a algún puerto

donde pudiera

 encontrar

 buques

adictos a su gobernó.

En segundo lugar, Lecuna narra

el deambular del brigadier

 por la serranía del litoral

y va decir que—Convencido Pereira

en el pueblo de Carayaca

de no existir

ningún

                camino

por la costa

a Puerto Cabello,

y no habiendo

dado

con él

los buques enviados por La Torre

 en su busca,

pensó retirarse

por los cerros

elevados

medianeros

del mar

y

los valles de Aragua.

Impuesto Bolívar

de su marcha

hacia Carayaca,

ordenó a coronel Arguindegui

correr

de Turmero

a Maracay

con varias compañías

de su cuerpo

y una del batallón de Apure,

a cortarlo,

por Choroní 

u

otro camino;

y al coronel Manrique

apurar su marcha

de Las Lajas a San Pedro

y seguir a Macarao

donde se le reuniría

un medio escuadrón

del coronel Silva

despachado de Caracas,

y buscar a Pereira

 por Carayaca hasta destruirlo.

En esta serranía

 intrincada

y de escasos senderos

el español no podía escapar.

De Carayaca,

cerca del mar,

subió a lo alto

de los cerros,

más al llegar a Petaquire

divisó los batallones

del coronel Manrique

cerrándole el paso

y retrocedió a La Guaira,

donde se hallaba el edecán Ibarra

con una pequeña columna.

Este oficial

se retiró a media falda

de la serranía,

tomó posición

y recibió refuerzos

enviados por Bolívar.

Concluye Lecuna refiriéndose

a la entrada de Pereira en La Guaira

el 2 de julio y que —Manrique

siguiéndole

los pasos

se situó a su espalda

 en el pueblo

inmediato

de Maiquetía.

En consecuencia,

—El español,

cercado por todas partes

obtuvo del Libertador,

por su noble conducta

en toda la guerra,

condiciones muy ventajosas

y capituló el 3 de julio.

Una escuadra francesa,

existente

hacía algunos días

en la rada,

lo condujo a Puerto Cabello;

y allí murió pocos días

 después

de fiebre amarilla,

este valiente

e infatigable oficial,

probado

en toda clase de peligros

en seis años

de marchas

y combates.

Cuando capituló

contaba 700 hombres,

de los cuales

solamente

       200

quisieron

seguirlo

a

Puerto Cabello.

Sus pérdidas,

 entre muertos,

heridos,

dispersos

y capitulados

alcanzaron a 1.400.

Entre la fecha indicada por Páez

de la capitulación de Pererira

y la indicada por Lecuna

media un día: Este dice el 3

y el otro, el 4 de julio.

 

El 28 0 el 29… El problema de las fuentes

En cuanto a la entrada a Caracas

Páez dice —marchó conmigo

y un batallón hacia Caracas, a cuya ciudad,

… llegamos el 29 por la noche.

Conteste

está

 la declaratoria

de O’Leary

con el testimonio de Páez.

—El Libertador llegó á Caracas

en la noche del 29,

acompañado solamente

del general Páez

y de su estado mayor.

Ambos se ajustan al parte de Briceño Méndez

—S. E. tuvo la particular satisfacción

de entrar sólo con su estado mayor

y del señor general Páez

 en esta capital el 29.

O’Leary cita: —el parte oficial

dado en Carácas el 30 de junio.

Lecuna difiere de los tres señalamientos

—El 28 de junio

el Libertador

entró a su ciudad natal,

en medio del entusiasmo de sus paisanos…

Ubicado el documento que Briceño Méndez

dirige —A S. E. el Vicepresidente interino de República.

en el volumen 18

de las Memorias del General O’Leary,

entrada:

 309.—Del Copiador de la Secretaría).

todo está ajustado a la letra de O’Leary.

Pero en el documento de la entrada 308.

dirigido —Al Excmo. señor Vicepresidente de Venezuela.

el Pedro Briceño Méndez señala

—Ayer tuvo S. E. la satisfacción de entrar á ella

en medio de las aclamaciones

de un pueblo numeroso

que no dejó de rodearle en toda la noche.

Jamás se había visto un trasporte igual.

La presencia del Libertador

ha despertado

los antiguos sentimientos

 y el entusiasmo

del pueblo de Carácas

por su libertad.

Este documento lo cierra la inscripción

—Dios etc.—Carácas, Junio 29 de 1821.

¡Dichoso quien de un día al siguiente

atribuye dos días distintos

a la consumación del mismo acontecimiento!

¡Eso tiene de reto permanente

la consulta del documento

y la consiguiente verificación del contenido!

 

El vencido se recluye en Puerto Cabello

y el vencedor entra en Caracas

Al O’Leary contraponer

la suerte corrida por Pereira

a la del contingente enviado

a reforzar a San Felipe;

en la que a su juicio

—El cuerpo

del coronel Tello,

más afortunado,

logró entrar en Puerto Cabello

 ántes

de establecerse el bloqueo de la plaza…

la cierra O’Leary con ese misterio

de las frases afortunadas

—Todo el país,

con excepción

de esta fortaleza

y de Cumaná,

quedó sometido al gobierno republicano.

Y si en este contexto fragmentario

no dejamos de subrayar

la entrada del Mariscal realista

bajo la protección del Valencey

en carrera a dicho puerto

este deslizamiento de la magnitud

del alcance liberador de Carabobo

nos sitúa frente

al buen desempeño retórico,

de Gil Fortoul

—La Torres fue a encerrarse en Puerto Cabello…

mientras que —Bolívar siguió a Caracas…

en el que mejor no puede está expresado

el significado del traspaso del poder,

y adquiere así todo su alcance

esta aparente inofensiva afirmación de O’Leary

—Bolívar,

después

de una

 ausencia

de siete años

de pruebas,

reveses

y

victorias

tuvo la dicha

de volver

triunfante á su ciudad natal.

 

Después de siete años …

Del recibimiento de Bolívar en Caracas

dan cuenta Briceño Méndez, O’Leary

y unas cuantas líneas de las columnas

de la edición de la Gaceta de Carácas

dedicada al triunfo de Carabobo.

Lecuna brinda un párrafo

bastante ajustado a este acontecimiento

desdeñado por aquellos portavoces

de un Bolívar sin pueblo,

 rechazado por sus contemporáneos

y según la cual

la admiración que por él sienten

los venezolanos

es obra de la religión de Estado implementada

por los déspotas Páez y Guzmán Blanco.

—El 28 de junio —dice Lecuna

el Libertador

entró a su ciudad natal,

en medio del entusiasmo

de sus paisanos

y de los pocos

parientes

escapados de la persecución y de la guerra.

Su presencia despertó

los antiguos sentimientos de Caracas

por su libertad y la de toda la América.

El pueblo enajenado de placer

no cesaba de victorearlo.

Hombres,

mujeres

y niños

corrían a su casa

en la esquina de las Gradillas

a estrecharlo en sus brazos

apellidándolo

Padre de la Patria.

Al caer la tarde

las casas se iluminaron,

y los festejos duraron toda la noche.

Tanta alegría

contrastaba

con el aspecto de la ciudad

cubierta de ruinas

y la ausencia

de la mayor parte de sus hijos.

Caracas,

cuna

de la Independencia

Americana,

estaba

reducida

por el terremoto,

las emigraciones

y la guerra,

a la tercera parte de su población

y riquezas el 19 de abril de 1810. 

 

(¡Claro! Quienes aspiran

ser los historiadores oficiales

de la Venezuela que reclama

el orden mundial proclamado Neo-Liberal

necesitan ajustar la interpretación del pasado

a la demanda de este miserables presente

tan mediocre)

 

El alcance de rédito histórico de Carabobo

Tenemos una primera consideración

en el juicio

que acabamos

de citar

de O’Leary

sobre el alcance de Carabobo

en materia de geopolítica

—Con la excepción

de Puerto Cabello

y de Cumaná,

Todo el país,

quedaba

bajo el control

de la República

Relación ésta que respalda la estadística

que presenta Lecuna

de la merma de efectivos militares

o de la contracción del ejército opresor.

Lecuna sostiene que en la batalla

—El ejército real perdió

entre muertos y heridos,

prisioneros y dispersos

2 jefes,

43 capitanes,

77 oficiales subalternos

y 2.786 soldados,

por todo 2.908 hombres

 según relación oficial

de los españoles,

pero sus pérdidas efectivas

se pueden estimar

en 3.200 a 3.500 hombres,

distribuidos así:

1.000 a 1.200 muertos y heridos,

1.500 prisioneros no heridos

y 700 a 800 dispersos.

En Puerto Cabello

 se salvaron unos  2.000

y de 900 a 1.000

de las columnas

de Tello

y Lorenzo

escapadas

de la persecución

de Carrillo y Las Heras.

Las pérdidas de los patriotas

no se contaron,

pero seguramente

fueron mucho

mayores

de los 200

muertos y heridos

señalados por Bolívar

en su carta

al Presidente del Congreso.

 

Diría uno de mis maestros;

Menos hombres;

 menos control del territorio.

Todavía más. Lecuna sitúa

ante un contexto bastante convincente

—El ejército español de Venezuela,

de 10.000 combatientes

al abrirse la campaña,

quedó reducido

a los 3.000

refugiados

 en Puerto Cabello.

 

Bolívar en su parte del 25 de julio,

al asegurar que —El ejército español

pasaba de seis mil hombres,

compuesto de todo lo mejor

de las expediciones pacificadoras.

Este ejército ha dejado de serlo.

Cuatrocientos hombres

habrán entrado hoy á Puerto Cabello.

Esta cifra contrasta abiertamente

con la cifra señalada en la carta

del oficial Josef Rodríguez Rubio

(Puerto Rico, 30 de Julio de 1821)

dirigida Sr. D. Manuel María Rodríguez Rubio,

inserta en la Gaceta de Caracas

del Miércoles 12 de Septiembre de 1821

—sigue á Puerto Cabello

favoreciendo

las reliquias del ejército

y los muchos emigrados

que había allí de toda la provincia…

—de suerte que el 25 amanecimos

ya en Puerto cabello

—nos juntaríamos algunos 3,000

en un perímetro tan corto y tan mal sano,

muy pocos víveres

y cerca de 500 heridos y enfermos,

¡La cifra de Bolívar como folio

de propaganda de su ejército

 es efectiva.

Como dato de la historia,

una hipótesis! Tómese en consideración

el lapso de tiempo transcurrido

entre la batalla consumada y la escritura

de su parte…

 

Los ojos puestos al sur de Colombia

Páez cierra su testimonio

asegurando que —A poco

 de haber

llegado a Caracas,

me ordenó Bolívar

 regresar

a Valencia

para ponerme a la cabeza del ejército,

—Después se reunió conmigo en Valencia,

y a principios de agosto

marchó para la Nueva Granada

con algunos cuerpos del ejército,

dejando dividida

provisionalmente

a Venezuela

en tres distritos militares,

siendo yo nombrado

comandante general

del que se formó

con las provincias

de Caracas, Carabobo, Barquisimeto, Barinas y Apure.

O’Leary al precisar

la fecha de la salida

de Caracas de Bolívar

no se olvida de despuntar

la urgencia que la guiaba

—el 1º de Agosto

partió definitivamente

con destino á Bogotá,

á dar cima

al glorioso proyecto

que le preocupa entónces,

—la libertad del sur de la república,—

pues para él no había vagar

en tanto hubiese enemigos que combatir.

Resume Gil Fortoul  en dos preocupaciones

las Breves semanas que pasó Bolívar

—en Caracas y Valencia,

preparando —por una parte— su plan de campaña

a Quito y el Perú,

preocupación que no le abandonaba

un momento

desde el año anterior,

porque mientras estos países

permaneciesen

bajo el dominio de España

no era posible

dejar asegurada

la independencia de Colombia…

Lecuna secunda a Gil Fortoul

—Bolívar

sin pérdida de tiempo

 tomó las medidas

del caso

para organizar el país

y llevar sus tropas

a Panamá

y al Sur de Colombia

a continuar su obra de redención.

 

El lado metafísico

y los episodios de romántico heroísmo

Acapara la atención de este copista

la acreditación de Gil Fortoul

a Eduardo Blanco como fuente

y más allá de eso, el no descarte

de los —episodios de romántico

 heroísmo individual

y de esos pliegues de lo misterioso

 de ese animal metafísico

que es el humano ser

O’Leary nos afianza en la posibilidad

ciega

sobre la muerte de Cedeño y Plaza

porque ellos mismos pensaron

en tal posibilidad

 lo presintieron

 en la antesala más próxima

al rompe del fuego de la batalla

—En la mañana…

almorzó el Libertador

en el alto de Buenavista

Algunos jefes

y oficiales

del ejército

le acompañaban. 

La conversación,

como sucede en tales casos,

rodó sobre el éxito probable

de la batalla

que iba á librarse.

Cedeño y Plaza no tomaban

parte

en la animada discusión,

y habiéndolo observado

uno de sus camaradas,

le preguntó á Cedeño el motivo de su silencio.

“Estaba pensando,” respondió,

 “qué bonito muerto haría Plaza.”

“Y yo”, dijo Plaza,

 “estaba

reflexionando

en cuál será

 la bárbara

 temeridad

que le llevará á U.

á su fin.”

Antes

de hundirse

el sol

en occidente,

habían

dejado

de existir

 estos dos bizarros jefes.

—Estraña es la suerte del militar,

y á cuántos curiosos lances expuesta!

Gil Fortoul no echa en saco roto

dos acciones de bravura

 de los bravos de Apure

sin dejar de advertir

y es estrictamente necesario repetirlo

—Como en las demás

batallas

de la independencia,

abundaron en Carabobo

episodios

de romántico

heroísmo

 individual.

Contabilizando en seguida,

—El teniente de caballería Pedro Camejo,

… de las primeras lanzas llaneras.

En lo más recio de la batalla

se le ve volver riendas y,

ahora el paso vacilante

de su caballo cansado,

se acerca a Páez. 

Este le grita: “¿Tienes miedo?”.

El negro se lleva las manos al pecho,

que por dos heridas

le chorrea sangre

sobre el cuello

 del caballo

también herido,

y dejando caer su lanza,

replica:

 “mi General, vengo a decirle a adiós”.

Jinete y caballo caen muertos.

Quien niega tal posibilidad

de seguro también se niega

a darle crédito a aquél soldado

de la epopeya de Fidel

que antes de morir

escribió con la sangre

que brotaba de sus heridas

el nombre de su Comandante en jefe

en la pared que lo sostenía.

Luego añade otro ejemplo

Gil Fortoul

que ha corrido con menor suerte

—Fué tal, aquel día,

el encarnizamiento

de realistas

y patriotas,

que “un soldado

 del batallón Apure

y un rudo zaragozano

del Barbastro,

rotas las armas

 en medio de un encuentro,

se dieron de puñaladas.

Aquel apureño era,

o indio escapado de las Misiones

o zambo de cualquier parte;

Camejo descendía de esclavos;

Cedeño era “pardo”:

todos supieron morir

con el mismo coraje

que el “mantuano” Ambrosio Plaza:

Todos fueron ya iguales en el amor

y en el ideal de la patria libre.

¡Cómo no, si a semejante altura moral

los había al fin levantado

el genio del Libertador!

—¡Esta digresión de Gil Fortoul

no puede leerse como algo distinto

a esa faceta del pedagogo

desconocido

que fue Bolívar

por quienes intenta

comprender su hazaña!

pero no en vano

Prieto Figueroa escribió

El Magisterio Americano de Bolívar.

 

La supuesta promesa de Páez

Crecí en Achaguas bajo

el dictamen

poco ético que lleva

a la idea de un Páez

triunfante

en la batalla de Carabobo;

por efecto directo

de la promesa

con que Páez respondió

la súplica

de acompañamiento

de Jesús de Nararet

en sus propósitos

proferida por la viejita

que a la altura

de la salida de Achaguas

se cruzó en su camino

y allí mismo

se bajó del caballo

y frente a sus tropas

toda la llanura escuchó

la promesa de donación

de una imagen

 de Jesús

a la Villa de Achaguas…

si yo, José Antonio Páez,

resultaba vencedor

en la batalla

en la que se libraría

la suerte de Venezuela

¡Es de observarse

que en este momento

nadie sabía que la batalla

se libraría en Carabobo!

 

Del aviso escrito en mármol

y adherido

 a un costado

de la puerta

la puerta de la Iglesia

Un dirigente adeco

lector asiduo del cuerpo “C”

de El Nacional

se encargó de alimentar mis dudas

—¡Esa es otra

 de las mentiras

 de Pérez Jiménez!

 

Y yo en verdad,

 motivado un poco

por todo ese proceso

que lleva la Iglesia

todo ese expediente

que culmina o no culmina

con la declaratoria de un santo

ese empleo del tamiz

o del baremo científico

que comprueba el milagro

 

no me atrevo a sostener nada de esto

hasta tanto no se presenten

 documentos

o cadena de informantes

que respalden tales decires

más y cuando son tantos

los milagros

del Nazareno de Achaguas

las manifestaciones de agradecimiento

la devoción hacia el patrón de los llaneros

que trasciende las fronteras de Achaguas

que por cierto corren el riesgo

de perderse en la desmemoria

porque nadie se ha sentado a escribirlas

escribir ese proceso tan interesante

seguir ese afluente en que la verdad

se vuelve mito

 

Llama la atención que Páez

 nada

manifiesta en su Autobiografía

de esta promesa…

y sobre Negro Primero

destaca que cayó muerto

a los primeros tiros de la batalla.

pero también priva

en el orden

de las consideraciones

la bondad del tiempo

Eduardo Blanco conoció a muchos

protagonistas sobrevivientes

que participaron en Carabobo

pero ese silencio de Páez

ese instante de los primeros tiros

acrecientan la ausencia de pruebas

de testimonios orales, de documentos

pero tampoco se puede

 echar en saco roto

la aseveración de O’Leary

—Estraña es la suerte del militar,

y á cuántos curiosos lances expuesta!

y observo yo que en la guerra

no puede desconocerse la lógica del azar

a veces ese dictado se impone

la realidad del documento

no es la realidad del campo de batalla

 

lo moral siempre

será de una consistencia

muy moldeable

porque ¡Fíjese bien!

en 1812 naufragó la primera República

por razón de índole divina

según el bando realista

 aprovechó la tela

del —El terremoto que destruyó a Caracas

 

pero en 1821

la protección divina

cambiaba de bando

se hizo patriota republicana…

—¡allá ellos con sus bombos y ropajes

de la Venezuela feudal!

¡con su estrechez de mira

y fragilidad de principios!

 

Lo nuevo triunfa sobre lo viejo

a juicio de Bolívar

fue Carabobo

una esplendida victoria

—célebre jornada

la tilda Briceño Méndez

una victoria

 de lo nuevo

 sobre lo viejo

de la república sobre la monarquía

ateniéndome a un dictado del s. XIX

 

pues

al margen de ruidos

aquellos días de inmarcesible gloria.

Eduardo Blanco presenta

 magma de oro

—En aquella contienda,

lo nuevo triunfó de lo viejo:

la Monarquía inclinó la cabeza

y se irguió la República.

Que nadie olvide entonces

—Tres siglos de absoluto poderío

 quedaban sepultados

por aquella jornada.

pero no tan así porque en pie

quedaba algo por derrotar

pero

Es justo. Es digno de repetir una vez más

—“Carabobo” sella nuestra emancipación.

Bolívar emprende nuevas lides,

y hasta el templo del sol conduce la victoria:

 “Bomboná”,

 “Pichincha”,

 “Junín”

 y “Ayacucho”

son las huellas del gigante.

El brillo de su espada

 eclipsa los más altos prodigios

de los conquistadores castellanos;

ella deslumbra a vencedores y vencidos,

y le arrebata a España la libertad de un mundo.              

Pero todavía Eduardo Blanco

no ha dicho lo esencial

y solo lo esencial es portador

de la hermosura

de lo que nos quita el sueño

el círculo del poema

—con la espada del Cid triunfó Bolívar;

la histórica tizona

blandíala un descendiente

del héroe de Vivar.

 

(Ligia de Grau

me aplaude

en el Teresa Hurtado

En el Lazo Martí Carlos Pasagno

delira

 y la clase es un dictado de la rosa)

 

La persistencia de lo viejo

pero esa espada ni otra

podía cortar la cultura del sometimiento

la cultura de la colon ia

forjada en poco más

de tres siglos de esclavitud monárquica

—los trescientos años de calma invocado por Bolívar

en su primera aparición pública registrada

que no puede esperarse que desaparezca

en el cambio de la noche a la mañana

 ni tampoco por un decreto

y será dentro de esta mentalidad

de esa herencia signada por la cultura del opresor

y el modo de ser del oprimido

educado en el orden de lo prohibido

moldeado a la voluntad del opresor

donde va a crecer el nuevo engendro

el nuevo orden político

que debe responder al orden económico

impuesto desde la conquista

y que de acuerdo al consenso no declarado  

pero develado en las tomas de las decisiones políticas

de los entonces recién vencedores de Carabobo

se procura que sea el mismo de la colonia

y en consecuencia

 quien

o quienes

 propugnan

una república menos aéreas

que tome en cuenta las aspiraciones parciales de todos

o que por lo menos intente leer el malestar

de la sociedad colonial que desembocó

en el primer golpe de Estado de este país

y lo catapultó a los diez años de guerra

tenía que necesariamente terminar depositado

en los calderos del infierno

declarado blanco de la nueva discordia

como es tradición desde el Dante…

 

La espada que separó la Venezuela feudal

de la Venezuela del predomino urbano

y la enrumbó

 en la órbita del capitalismo dependiente

fue obra del general petróleo

sin desconocer la inversión

de esfuerzos y recursos de Guzmán Blanco

que empujó hacia esta dirección

y otra vez los venezolanos presenciaron

como al enfrentamiento entre lo viejo

y lo nuevo recibió el mismo cobijo de Dios y el Diablo

 

La vigencia de Carabobo

pero es justo

y en este momento digo

“Carabobo” duró lo que el relámpago;

puede decirse que para todos

 fue un deslumbramiento.

 

¡Eso tiene de vigencia!

de lección que pesa sobre los hombros

 

En un relámpago se pierde

 o se gana la patria

en medio día se pierde

o se mantiene la patria

en una mañana el Congreso

puede ceder

 el control económico del país

a potencias extranjeras

en medio día la primera división

reforzada sólo con un batallón

de la segunda

de un ejército de tres divisiones

puede derrotar y poner en carrera

a los sobrevivientes de un ejército

mejor equipado en todos los frentes

en armas, en disciplina, en técnicas

 

pero la guerra que ese acto grotesco

de la inteligencia  

la decide —y Carabobo

es otra confirmación

el atajo imprevisto

es que la administración de la inteligencia

puede neutralizar las cargas del desequilibrio

hace posible que David triunfe sobre Goliat

—Un oficial realista, José Rodríguez Rubio,

describe magistralmente la batalla

 en estas pocas palabras:

“El 24 del pasado entra

 el enemigo por los desfiladeros

de su izquierda,

y emboscados

 logran

que batallón por batallón

 vayan a su posición a batirlos,

resultando al fin batirnos en detal,

mientras que parte de su caballería nos envolvía

y cortaba por su flanco izquierdo,

siendo en conclusión disperso

 todo el ejército en todas direcciones,

y retirándose sólo el valientísimo batallón Valencey”.

 

¡Carabobo coloca sobe nuestros hombros

la obligación de encontrar el modo de vencer

así  sea rodeado de miserias por todas partes

 sobre los adversarios de Venezuela!

 

Carabobo parece militar en el otro bando

—las armas del juicio, que vencen a las otras.

Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

No hay proa que taje una nube de ideas.

Una idea enérgica,

flameada a tiempo ante el mundo, para,

como la bandera mística del juicio final,

a un escuadrón de acorazados.

 

Hay otra enseñanza tácita de Carabobo

Los derrotados en Carabobo

los derrotados en la guerra

supieron triunfar en el Congreso

fueron los grandes vencedores en la política

¡No sólo destrozaron la República de Colombia!

¡No sólo proscribieron a Bolívar de Venezuela!

Impusieron como requisito

en el ascenso de la administración pública

el denostar de la hoja de servicios de Bolívar

y hasta escupir sus cenizas.

 

De ellos no se ha librado la patria

200 años después…

 

—Con el triunfo de Carabobo,

podemos decir

que culmina también

la actuación de Bolívar en Apure,

donde estuvo en total,

según ligeros cálculos nuestros,

 alrededor de siete meses,

desde el 24 de enero de 1818

fecha en que pisó

por primera vez

 tierra apureña

en Araguaquén,

hasta el día 9 de de abril de 1821

en que abandona

el Potrero del Totumo,

sobre el Apure,

 para efectuar su gloriosa campaña de Carabobo.

—Palabras de Argenis Méndez Echenique—

 

 


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